La indiferencia ya es ley



Como todo en este país, ningún problema tiene trascendencia si no nos afecta directamente.

La dirigencia deportiva, en su cúpula, está viviendo sus momentos estelares, sin oposición de ningún tipo, aunque sus actuaciones no llenen los mínimos requisitos para los que fueron “electos”, no importa si con mañas o no.

Nadie se retirará y mucho menos se piensa en dar paso a las nuevas generaciones, porque el poder hay que retenerlo no importan las consecuencias, lo fundamental es mantenerse, manejar recursos, estar en el medio, para “ver qué se puede pegar”.

En todas las áreas de la vida nacional se han cometido excesos de todo tipo, pero en algunas se han realizado “investigaciones” y algunos han caído, aunque por poco tiempo, pero la pregunta del millón es: ¿se ha manejado la dirigencia deportiva con tanta pulcritud que no hay un solo caso para escrutar?

Los casos en otras esferas han sido de tal magnitud que a los pequeños se les deja pasar sin ningún rubor, lo que constituye una estocada mortal en contra de los mejores intereses de la sociedad.

Si en los deportes, que manejan recursos multimillonarios, todo funciona sin inconvenientes, hay que felicitarlos.

Hay que llamar la atención de la Procuraduría General de la República, que ha manejado e implementado sonados casos de corrupción, en los que se ha quedado corta en todos, es por ello que pregunto: ¿estará realmente interesada en mover el expediente para rescatar los terrenos que se han robado en el complejo La Barranquita de Santiago?
Definitivamente, ese caso, sometido hace más de dos años, está en el limbo, mientras los que usufructúan esa propiedad se ríen con las muelas de atrás.

Lo extraño del caso es que el actual alcalde de Santiago, Abel Martínez, quien hace alardes de ser un defensor a rajatabla de los intereses de la comunidad, no ha dicho “ni pío” sobre esta anómala situación.

Hay que llegar a la conclusión de que si seguimos así, esto habrá que cerrarlo definitivamente.

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