La impaciencia se multiplica



Una habilidad que al ser humano le es difícil de alcanzar es esperar, parece que está en contra de su naturaleza. Quiere llegar a su destino por telepatía y todo lo quiere obtener justo en el momento que lo desea… en síntesis, la gente pasa una significativa cantidad de tiempo desesperándose por cualquier motivo y sintiéndose frustrada si las cosas no pasan como las ha pensado o las quiere.

Debemos tener siempre presente que la impaciencia cuesta dinero y amistades; daña la salud, hace que se pospongan las cosas, es mala consejera, afecta la comunicación y genera violencia. Los impacientes, en lugar de responder, son propensos a reaccionar sin ningún tipo de filtro, pues su descontrol emocional manda de paseo el menor ápice de cordura.

Muchos piensan que la paciencia viene dentro del paquete de virtudes que corre por las venas desde el mismo momento de nuestra concepción… pudiera ser verdad, pero también es cierto que, con decisión, disposición y práctica, podemos desarrollarla con solo proponérnoslo.

La excusa de “así soy” resulta vana y haragana. Recordemos que la convivencia necesita una alta dosis de tolerancia, sobre todo por el enunciado de que “no todos somos iguales”.

Cada día son más las situaciones que atentan contra nuestra paz interior, como la gran cantidad de tapones a los que somos sometidos a diario, jefes intolerantes, personas aburridas con su miserable vida, el aumento de la delincuencia, conductores imprudentes… y si seguimos con la lista no terminamos.

Lo importante aquí es entender que hay cosas que podemos cambiar y hay otras que debemos aceptar. Si logramos que este pensamiento sea regla de vida, la paciencia hará nido en nosotros.

Lady Reyes

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