Viernes, 20 de julio, 2018 | 3:29 am

La fábrica de delincuentes



Hay una lotería que tiene por eslogan “la fábrica de millonarios”, mientras que el expresidente Leonel Fernández llegó a decir alguna vez –muy orondo- que su partido era “una fábrica de presidentes” (ahí le faltó poner también millonarios, pero bueno, en nuestro contexto se sobreentiende).

Dejando a un lado los millones de la Loto y la promesa de Leonel, quisiera referirme a otra fábrica, que es mucho más verdadera y eficiente que las dos anteriores. Una que produce delincuentes de todo tipo.

Por eso y no en otra cosa es en lo que se ha convertido el modelo de sociedad que han creado quienes han tenido y tienen la sartén por el mango. Una fábrica de delincuentes.

Algunos “modelos” no pasan de ser unos ladronzuelos de poca monta, sicarios, gatilleros, roba cadenas, ladrones de espejos o repartidores de drogas al menudeo. Son los que más ruido hacen y a los que les prestamos más atención, porque son como las ratas, despreciables, lacras a las que todos queremos lejos, bien lejos, y –dicen muchos- si es siete pies bajo tierra, mejor.

Uno de estos es, sin duda, Henry Daniel Lorenzo Ortiz, el joven de 21 años que el pasado jueves ultimó a cuchillada a Annerys Peña Pérez, empleada de la joyería Suárez en la calle El Conde, para cargar con un botín de unos 60 mil pesos. Tres horas después de cometer aquel horrendo crimen, fue a una tienda a comprar “tenis de marca” y en la noche anduvo por el barrio como si nada hubiera ocurrido y exhibiendo lo que había comprado. Pero como él, hay decenas que salen cada día a atracar, a matar, a hacer lo que sea con tal de obtener con qué comprar droga, unos tenis, una gorra cara, un polocher, una “pinta jevi” que los haga sentir “gente”. Porque en algunos barrios quien no viste bien, quien no tiene un celular “pesao”, está “atrás”. Mientras que aquel que tiene “más billetes que un cajero”, está en la cosa, atrae.

Los medios suelen dar amplia cobertura a los casos de crímenes como el que costó la vida a la joven Annerys, aunque muchos se quedan en el morbo, difunden las fotos, los videos, comentan y hasta piden que se aplique la pena de muerte “a ese maldito”. Con razón la gente reacciona indignada y pide castigo.

Sin embargo, cuando se trata de los delincuentes de cuello blanco, incluso aquellos que son las primeras víctimas de sus fechorías los tratan como señores.

Sus partidos se resisten a sancionarlos. Ni hablar de sus familias, que los veneran como si no fueran gusanos.
Sus esposas, las “chapiadoras”, sus segundas bases, sus compañeros y, por supuesto, las bocinas, les rinden pleitesía, pese a estar conscientes de que no son más que unos auténticos delincuentes.

Basta ver cuál ha sido la actitud de la Justicia frente a los encartados en el caso Odebrecht. Por la cantidad de excluidos, todo indica que la Procuraduría parece estar más al servicio de los que engañaron al Estado que de la sociedad.

Es cierto que el PLD ha desbordado cualquier expectativa respecto a la capacidad como depredador del Estado, pero sería injusto decir que son los únicos. Eso sí, los peledeístas han perfeccionado la fábrica de delincuentes de ambos tipos: los que roban millones y los que como el asesino de El Conde matan para comprar tenis caros.

Por eso creo que la sociedad está obligada a revisarse de arriba abajo, o terminaremos comiéndonos unos a otros, literalmente hablando. Cerremos ya esa fábrica malévola.

German Marte

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