La corrupción política



Gran parte de la corrupción política está relacionada con la financiación de los partidos, que en tiempos de campaña se envuelven en una alocada carrera por obtener recursos sin miramientos de su procedencia.

De ahí viene el dinero procedente de quienes han engañado al Estado o de quienes apuestan a engañarlo en el futuro. También por ahí llegan los recursos del narcotráfico o el lavado de activos.

El siguiente paso es “sacar la inversión” a través del tráfico de influencia, sobrevaluaciones y cobros de sobornos o comisiones ilegales.

Eso se da a los tres niveles en que solemos realizar elecciones.

Un aporte para el proceso de saneamiento del quehacer político nacional sería transparentar a los partidos políticos.
Ninguna instancia estatal puede, en estos momentos, decir ni siquiera un aproximado de cuánto invierten los partidos en sus campañas.

Los informes que suelen remitir a la Junta Central Electoral son una especie de chiste contable de mal gusto.

Los partidos se limitan a listar partidas para justificar los ingresos que reciben como parte de la financiación estatal, mientras que los recursos provenientes de otras fuentes evaden los reflectores.

Estas instituciones que aspiran a dirigir el Estado tienen la obligación de manejar sus finanzas con transparencia, tanto la forma de gastar sus recursos como su procedencia.

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