Martes, 11 de diciembre, 2018 | 6:19 am

La caravana centroamericana



La caravana que avanza hacia Estados Unidos, algunas de cuyas oleadas han llegado ya a la frontera, inició como una caravana de hondureños, pero con la integración a la misma de numerosos guatemaltecos y salvadoreños se puede hablar hoy de una caravana centroamericana.

Guatemala y Honduras, solo precedidos por Haití, constituyen, en ese mismo orden, los dos países que según un estudio del Banco Mundial de reciente publicación, ocupan las peores posiciones respecto al índice de capital humano (supervivencia, escolaridad, salud, productividad) en el continente; y El Salvador, precedido por la República Dominicana, ocupa el quinto peor puesto dentro de la referida investigación.

La historia de la hermana Honduras, igual que la de otros países centroamericanos, es la historia de las despectivamente llamadas repúblicas bananeras y la historia de poderosos enclaves políticos y económicos extranjeros dentro de sus Estados, responsables número uno de estructuras excluyentes que han trabado su desarrollo.

Lo que hoy sucede parece ser un torbellino de polvo de aquellos lodos y una forma de responder a las iniquidades y abusos iniciados en décadas pasadas.

Lo de hoy encuentra uno de los más recientes antecedentes en el envío a Estados Unidos desde Honduras, y a través de su frontera sur, de miles de niños, ocurrido durante el gobierno de Barack Obama. Este hecho reveló entonces una desesperante situación social que no ha cambiado en la actualidad.

Para algunos la caravana centroamericana quiso ser aprovechada por el presidente Trump para fines electorales, pero al margen de ello la misma constituye, a nuestro juicio, una crisis real e importante.

Lo que pretenden los componentes de la caravana es ser aceptados como asilados, lo cual es reconocido por las leyes de los Estados Unidos.

Ellos tienen derecho a exiliarse, tienen derecho a refugiarse en otro país, puesto que en el suyo los integrantes de la caravana sostienen que no pueden seguir sobreviviendo. Sin embargo, los pronunciamientos del presidente Trump presagian una situación indeseable.

Su planteamiento de modificar las políticas y reglas de asilo estadounidenses, la instalación de una base militar temporal, así como la movilización de unos 15 mil soldados hacia la frontera, dan base al referido presagio.

Los señalados pronunciamientos y actos del presidente Trump permiten suponer la no aceptación de las solicitudes de asilo, la ejecución de múltiples detenciones, y por lo tanto, la ocurrencia de fuertes enfrentamientos, acciones y reacciones violentas.

Respetamos el derecho de los países a recibir los emigrantes que les llegan de manera ordenada y documentada, pero igual defendemos que los mismos sean tratados con apego pleno a la dignidad y a los derechos humanos.

Publicidad