La agonía del más en la novela Over



El Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (Isfodosu), bajo la sabia rectoría del dilecto amigo y destacado educador Julio Sánchez Maríñez, acaba de publicar los primeros siete volúmenes de obras clásicas de la narrativa dominicana, con el propósito de despertar en docentes en formación y en ejercicio, como también en el público en general, el interés por la lectura y exaltar el patrimonio intelectual y cultural de nuestro país.

La hermosa edición de la Colección Clásicos Dominicanos, que se suma a esfuerzos similares y precedentes de otras entidades nacionales, consta, en su primera etapa, de títulos como “El montero”, de Pedro Francisco Bonó; “Over”, de Ramón Marrero Aristy; “Cuentos cimarrones”, de Sócrates Nolasco; “Crónicas de Altocerro”, de Virgilio Díaz Grullón; “La fantasma de Higüey”, de Javier Angulo Guridi; “La sangre”, de Tulio M. Cestero, y “Guanuma” de Federico García Godoy. Prontamente saldrán a la luz “Cartas a Evelina”, de Francisco E. Moscoso Puello; “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, y “Trementina, clerén y bongó”, de Julio González Herrera.
Cada volumen es acompañado de un prólogo de un autor actual, lo que imprime nuevos ángulos de miras a la colección.

Me honro en compartir, en esta columna, algunos fragmentos del prólogo que el Isfodosu me solicitó para la novela “Over”, de Ramón Marrero Aristy.

Es una novela de la caña que rezuma una poética del resabio, de la denuncia; una construcción imaginaria y distópica, sin dejo alguno de moraleja; reverso pesimista y crítico del espejo en el que la ideología y el discurso político imperantes se reflejaban, enhestando un seudopatriotismo salvador de la nación; una metáfora de la deshumanización del poder que esconde la voracidad del sistema económico capitalista de la primera mitad del siglo XX; una sinécdoque del infierno dantesco al que han sido confinadas miles de vidas hundidas en la miseria y el infortunio, en oposición a la retórica grandilocuente y monumentalista del aparato ideológico-militar, político y cultural que pondrá en marcha la dictadura trujillista, emergida de la llamada revolución de febrero de 1930.

La obra será la prognosis de una insufrible condición económica y social, caracterizada por la sumisión al capital extranjero, la explotación despiadada y la corrupción legitimada, en perjuicio de los oprimidos y desamparados, de la que no se sacude del todo aun nuestro país.

Al radiografiar analíticamente la estructura de la novela nos vamos a encontrar con unos personajes (Lope Comprés, Daniel Comprés, Cleto, Dionisio, Mr. Lilo, Mr. Robinson, Mr. Baumer, Mr. Norton, Eduardo, Valerio, Mercé, el inglesito Brown y otros) y su jerarquización, en función de los roles de la caracterización; con una atmósfera predominante, en términos de espacio o de planos (el ingenio, el central, la finca, el batey), donde los personajes van a interactuar; con una historia de vida principal y otras colaterales que la van a matizar o diversificar (abandono paterno, desempleo, miseria, hambre, explotación, alcoholismo, prostitución, machismo, hurto o corrupción, migración, desesperanza); con un tiempo referencial o época (tránsito hacia la industrialización agrícola y el brote de ideales socialistas en la juventud, luego del triunfo de la revolución bolchevique de 1917), que se va a entrelazar con un tempo narrativo, ese que ocurre al interior del relato, que marca la vida ficticia de los personajes

(la zafra y el tiempo muerto) y, finalmente, con un elemento catalizador de todo ese ámbito imaginario que será la estrategia de sentido (denuncia de la explotación y la división técnica y social del trabajo), la propuesta discursiva y estética (realismo), el poder simbólico del lenguaje que hará de la narración una historia con valor literario trascendente. Continuará.

José Mármol

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