Lunes, 10 de diciembre, 2018 | 5:41 am

Jair Bolsonaro: un ultraderechista a pasos de obtener la presidencia de Brasil



Las sociedades de algunos países siguen apostando por fenómenos políticos radicales, en este caso Brasil, el quinto país más grande del mundo y la potencia de América del Sur, ha preferido volcar su apoyo en la primera vuelta electoral de las elecciones generales, celebradas este domingo 7 de octubre, al candidato ultraderechista del Partido Social Liberal (PSL), Jair Messias Bolsonaro, al ganar esta primera contienda con el 46% de los votos, una amplia ventaja frente al sucesor del expresidente Lula da Silva, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, que alcanzó el 29,3%. Dichos resultados confirmaron nuestro pronóstico sobre la realización de una segunda vuelta electoral.

Los resultados no son sorpresas, ya que las últimas encuestas daban como favorito al ultraconservador Bolsonaro, una especia de (Donald Trump en Brasil), y que definimos como un fenómeno político radical, de los que sorprenden en estos tiempos por su auge. Si analizamos los pasados, perfiles profesionales y los programas de electorales de los polémicos fenómenos políticos actuales que van en aumento. Nos damos cuenta que dichas escenas se repiten entre otras cuestiones, en tiempos donde está en juego el deterioro y la credibilidad de los partidos políticos, la pérdida de la confianza ciudadana en las instituciones públicas, y el debilitamiento de las democracias en el mundo.

El perfil del nuevo y polémico fenómeno político, Jair Messias Bolsonaro, haciendo alarde de su nombre se presentó durante la campaña electoral como el “mesías del pueblo brasileño”, “salvador de la patria”, el hombre que llevaría el “orden y progreso” a la sociedad. Con estas características vemos como a nivel estratégico Bolsonaro apeló a conquistar al electorado a través de la estrategia de motivar el voto de castigo, lo que en comunicación política según la investigadora María José Canel se conoce como el voto de “aquel que toma una decisión para mostrar su desagrado con la situación presente”. En este caso el citado candidato utilizó como arma electoral, la crisis política y económica, los supuestos casos de corrupción y la inseguridad social del país.

En su programa electoral defiende la tesis de que la violencia se combate con violencia. Se plantea una legislación para dotar de armas a los ciudadanos, aumentar las privatizaciones para reducir la deuda pública, busca una reforma educativa que elimine la enseñanza de género, las cuotas raciales, etc. Representa a la ultraderecha más conservadora del país, el excapitán del ejército se ha mostrado como un admirador abierto por la dictadura militar que gobernó en Brasil durante los años de 1964 a 1985. Por sus discursos se le considera machista, racista, homófobo…

Sigo pensado que de haber sido Lula da Silva el candidato del PT, los resultados que hoy leemos no hubiesen sido los mismos, indiscutiblemente ha pasado factura el poco tiempo de gestión utilizado por Lula para transferir su liderazgo y votos a su sustituto, tarea limitada por encontrarse en prisión por los supuestos casos de corrupción.

Ante la anunciada segunda vuelta electoral a celebrarse el próximo 28 de octubre, el escenario político se tornará aún más polarizado entre las dos fuerzas que competirán. Está en juego la democracia de uno de los países líderes de América Latina. Toca esperar cómo gestionará el PT los acuerdos con los partidos que obtuvieron menos votos y las estrategias de comunicación política electoral a implementar de cara a mantener los votos de los fieles, conseguir nuevos votantes, conquistar los votos de los indecisos y de los posibles abstencionistas, de no lograrlo la ultraderecha gobernará Brasil.

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