Martes, 23 de octubre, 2018 | 12:27 pm

Imperfectamente perfectos



En qué momento ser feliz se convirtió en ser perfecto. Quién estableció que aspirar a no equivocarse es sinónimo de éxito.

No tengo la respuesta, pero lo que sí sé es que es agotador buscar la perfección en todo. Además, quién es tan perfecto que puede definir a ciencia cierta qué es ser perfecto. Me gustaría conocerlo.

Y que conste que abogo profundamente por el avance positivo, por mirar hacia delante siempre, pero eso no significa obviar las imperfecciones que nos definen, que al final, van a seguir ahí.

Querer ser mejor, no es malo, no perdonarte si no lo logras, sí. Porque vives en una insatisfacción continua, incapaz de relacionarte de manera sana con los demás, porque ni siquiera lo puedes hacer contigo mismo.

Encima miras a tu alrededor y solo ves vidas perfectas, en los otros, claro, y todavía sientes mayor fracaso.

Y vas acumulando esas frustraciones que en vez de hacerte más fuerte, más maduro, te hacen más débil, porque no forman parte de un aprendizaje, sino de una carga emocional que no te deja seguir el camino.

Pueden pensar que hablo de conformismo, no es así, hablo de definir qué es lo que te otorga felicidad: ser perfecto o ser tú mismo con todo el equipaje que eso trae.

Y les cuento un secreto, nadie, nadie es perfecto, pero muchos sí son felices. Hace poco alguien muy sabio dijo que el momento perfecto no se planifica, se vive y estoy totalmente de acuerdo.

Esta vida medible que nos está tocando transitar, en la que te piden planificar hasta tu cerebro, nos ha arrancado el placer de la improvisación, del toque de locura y de permitir que lo que tenga que ser será.

No. Hay que controlarlo todo, hay que aprovechar el tiempo, hay que ser … eso, perfecto…

Y cómo lo hacemos si ya en esa imposición nos están diciendo que para lograrlo no podemos ser nosotros mismos sino un ideal. Y una vez alcanzado resulta que ya no sirve, debes aspirar a más. Llegó aquí y ya estoy agotada.

Permítanse equivocarse, aunque no aprendan de ello, lo importante es que se liberen de ese lastre; hagan aquello que les provoca felicidad, sin pensar en qué dirán, van a hablar igual y perdónense esas cosas que no les gustan de sí mismos, vienen en el paquete que hacen que sean imperfectamente perfectos.

Ana Blanco

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