Martes, 25 de septiembre, 2018 | 8:59 pm

¿Ideologías o pragmatismos desvirtuados en RD?



La calidad de nuestras decisiones generalmente determina los resultados positivos que podemos percibir y nuestras proyecciones futuras.

Ser pragmáticos es evaluar ideas y principios basados en su utilidad práctica. Es detenerse y valorar las consecuencias de actuar o no actuar, tras establecer una meta concreta y ser eficientes y flexibles, según las circunstancias cambiantes para asegurar más éxito en la ejecución de los planes sin que nuestros prejuicios detengan hacerlo correctamente.

Las ideologías que fundamentan nuestras acciones, programadas o no, reflexivas o intuitivas, no son suficientes cuando nos comprometemos con lo que realmente existe. Las ideologías sirven de impulso para emprender y desarrollarnos en sociedad. Influimos en el mundo cuando podamos compartir creencias y vivencias para generar riquezas, mejores comunidades, resolver problemas y optimizar nuestras instituciones.

Como ideología el pragmatismo se muestra mucho más realista en términos filosóficos. Las ideas, en cambio, se las lleva el viento. Aunque pretencioso este aforismo, realmente solo pueden subsistir si pueden ser utilizadas con fines específicos y sirven a la sociedad.

No confundas movimiento con acción, la segunda tiene un propósito (Hemingway). Una ideología para cambiar comportamientos está condenada al fracaso si no es flexible en su concepción, sus propósitos son desproporcionados o ambiguos o sus fines perjudican a sus destinatarios.

Es mucha la información para tomar decisiones diariamente, pero no es suficiente. Son infinitas las variables. Esto implica que en el pragmatismo como ideología sean parte esencial de cualquier desarrollo teórico y en la aplicación de la ciencia y las artes. Respondemos mejor utilizando el conocimiento acumulado, experimentación, razonamiento, lógica, pensamiento analógico e intuición como guías. Siempre es posible reforzar conceptos y corregir errores sobre la marcha. Toda solución a un problema crea nuevos inconvenientes.

También los presupuestos conceptuales e ideológicos deben ser simples. De esta forma, ante cualquier desafío, podemos identificar más fácilmente las soluciones a problemas derivados de la aplicación ideológica que hayamos elegido, por lo que las decisiones correctas puedan ser fácilmente verificables y corregidas en su ejecución.

¿El país está guiado por ideologías virtuosas, pragmáticas, o por eufemismos pragmáticos, o por populismos ideológicos? ¿Existe aquí la definición ideológica y el pragmatismo auténtico? La realidad nos ayuda a confirmarlo.

Carlos Salcedo, abogado.

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