Martes, 14 de agosto, 2018 | 3:16 pm

Identidad múltiple en un relato surrealista



La lectura de “Nadja” de Breton efectuada por Manuel García Cartagena tiene determinadas particularidades y una íntima relación con postulados estéticos sustentados en los manifiestos del surrealismo de 1924 y 1930.

La primera es desentrañar las especificidades discursivas, ideológicas y sociales de las apuestas del Yo presentes en el relato y cómo ese Yo establece dinámicas concretas de funcionamiento en la estructura significante y el sentido del texto.

Esa dinámica comprende: un Yo-autor (Breton), el cual, al narrar en primera persona del singular crea el Yo-texto, haciendo de sí mismo un personaje que abre el sentido de lo autobiográfico; ese Yo-texto dirige su mensaje a un ser que porta un mensaje único, en tanto que Tú ideal; finalmente, tiene lugar el Yo-lector o Tú destinatario del mensaje, que está llamado a identificarse con el Tú ideal.

Se trata de una lectura centrada en una problemática semiológica, lingüística o simbólica de carácter identitario, a veces enunciado como lógica o filosofía de la identidad que, por medio del recurso de la fantasmatización, pondrá en sitio una concepción del Ser y su relación con el Otro, basada en la ocultación o la mitificación y en la negación o ausencia del cuerpo.

La estrategia de difuminación del Yo en “Nadja”, desarrollada por García Cartagena, revela una nueva clase de relato en que los ámbitos de lo personal y lo autobiográfico operan, desde una perspectiva simbólica, como fundamento ideológico de la dilución, antes que entronización racionalista, del Yo y de determinados argumentos de veracidad.

Es el Yo-texto el que pasa a fungir como ordenador, como Demiurgo del orbe simbólico y es quien está facultado para imprimir al personaje una visión del mundo, una ideología, así como un sentido lúdico del lenguaje y de la vida. El enmascaramiento puede ser, además de una forma de dilución de rasgos corporales y de desaparición del cuerpo, una estrategia de identidad múltiple o de pluralidad, al menos, duplicidad identitaria.

La cuestión de la lógica de la identidad o de que esta sea recibida o adquirida individual o socialmente coloca la problemática identitaria de Breton en una orientación al margen de la posmoderna visión de la identidad como tarea, como una construcción, no como algo dado o heredado.

En Zygmunt Bauman (2011) por ejemplo, y desde la perspectiva de la moderna sociedad líquida de consumidores, la identidad se problematiza como pluralidad, al igual que ocurre en otros pensadores como Amartya Sen (2007) y Jean-Claude Kaufmann (2015).

En Bauman, las identidades no son regalos de nacimiento, no son algo dado y mucho menos, dado para siempre. Al contrario, las identidades son proyectos, son una tarea a encarar, a realizar prolijamente y con diligencia hasta el final de nuestra vida.

Con la actitud ética de la transparencia, metaforizada con la propiedad del cristal (casa de cristal, “donde puedo ver siempre a los que viene a visitarme”; cama de cristal con sábanas de cristal) y mediante el reclamo de que los personajes tratados en el relato, si se basan en personajes reales no tiene por qué ser camuflados, Breton sugiere que es allí “donde ‘el que yo soy’ se me aparecerá”.

Mi identidad, pues, se me aparece y se me instala como algo ya dado y queda fijo. En realidad, hoy vemos que la identidad es otra cosa, llegando a ser, primero, identidades.

Es algo que se construye con rasgos de volatilidad y caducidad; es una tarea permanente (Bauman); es un proceso de construcción de sentido (Kaufmann); es una multiplicidad de identidades (Sen). La identidad no es “ousia” (sustancia) sino, más bien, “parousia” (presencia). Es un ser siendo.

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