¿Huella de Eiffel en RD?



En medio de una atmósfera de opinión pesada y desalentadora, debido al sonado caso Odebrecht, prefiero compartir unas reflexiones sanas, con tinte histórico debatible y que hasta podrían resultar polémicas. Ante estos agobios, quiero respirar otros aires.

Aquí voy.

Durante el mes de diciembre el alcalde de Santo Domingo Oeste nos deleitó con la bufonada de una minúscula y deslustrada réplica de la torre Eiffel, que provocó peregrinajes burlescos a la avenida Luperón, frente a la Plaza de la Bandera.

Para mi sorpresa, me ha llegado un registro que indica que la creatividad de Gustave Eiffel, ingeniero diseñador y constructor de la famosa torre de París y del marco para la estatua de la libertad de New York, dejó su huella en la República Dominicana.

Reuben Hull, ingeniero civil y director de proyectos de diseño del Grupo M + W en Albany y miembro del Comité de Historia y Patrimonio, ha escrito un artículo para el portal de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE), en el que revela algo sorprendente.

Al ofrecer una lista de proyectos pocos conocidos de Eiffel, Hull atribuye al ingeniero galo haber diseñado la torre del reloj de Montecristi, así como una estación de ferrocarril de Toulouse, el Théâtre les Folies en París, La Paz Gasworks, Bolivia; Faro de la isla de Ruhnu, Estonia; Observatorio de Niza, Grand Hotel Traian, Iasi, Rumania, embarcadero de Konak, Izmir, Turquía; Catedral de Santa María, Chiclayo, Perú, y Combier Distillery, en Valle del Loira, Francia.

Se ha dicho y escrito que el famoso símbolo de Montecristi es idea del venezolano Benigno Daniel Conde Vásquez y que su valor original fue 15,000 pesos, fondos reunidos gracias a una recolección hecha por el Ayuntamiento montecristeño.

Confieso que esta columna es el atrevimiento de un profano que busca provocar el contraste para que los historiadores orgánicos nos confirmen el planteamiento de Hull sobre la atractiva estructura que se encuentra en el Parque Duarte del municipio noroestano desde el 11 de marzo de 1895 y donde el apóstol cubano José Martí expresó, en presencia de su amigo el general dominicano Máximo Gómez: “Este reloj marcará muy pronto la hora de redención de Cuba”.

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