Honroso, que desde la primera invasión, somos los primeros casi en todo



 

Porque… Si las raíces están podridas,

Como podrá el árbol dar frutos.

Decían los comunistas, que la

Ideología era más fuerte que la sangre.-

Mi alter ego, ese, mi otro yo que tantas veces he tratado de desaparecer y que siempre renace cual ave Fénix desde lo más profundo del montón de cenizas, renace con más fuerza que Hércules pero, sin talón de Aquiles y me obliga a no claudicar, porque las batallas, como todo en la vida, primero tienen que librarse para saber sus resultados, todo esto, sin importar los agravios y descréditos creados solo por ser monotemático. Me culpan de serlo pero, “ellos” no hacen nada para desaparecer los motivos que me llevan a serlo y que ese “otro yo”, cual Dios todopoderoso, me mantiene en pié sin permitir que me comporte como el “Dos o la Z”, que viven arrodillados

Pero, siempre existe la simonía que nos hace converger en el mismo punto aun sea a sottovoce. Luchar por qué y para qué, si en apariencias no he sido invitado a ese entierro, es decir, a la muerte lenta pero segura de los principios y la moral que conozco desde que mis oídos comenzaron a escuchar y mis ojos a ver. Donde ya Patria, Nación y Sociedad han pasado a ser “internas” de confianza de majaderos y políticos rapaces que cuales hienas se devoran entre ellos mismos. ¿Si, para qué?

Amanece, y con él llega la lluvia que entre el desvelo y la confusión miro al través del cristal, haciendo posible la llegada de recuerdos traicioneros que cual daga petrificada la siento clavada en lo más recóndito de mis sentimientos mientras que, por otro lado, la duda me arropa entre si sueño despierto o he soñado, o quizás todo sea real y no el resultado de una mala noche.

La confusión ha sido de tal magnitud, que creí haber leído o escuchado que: “No tenemos tiempo que perder. La corrupción se combate desde la  cabeza, desde arriba y así lo estamos haciendo con acciones inmediatas”; creí haber escuchado que “he tenido una inmensa decepción al ver lo que ha pasado con uno de mis asesores del sector salud. Esa persona traicionó mi confianza. Su caso está en manos de la justicia. Es inaceptable que un país como el nuestro con tantas necesidades tengamos gente tratando de lucrar con el dinero del pueblo en la casa de gobierno”, todo esto, ante el caso de ex-asesor en temas de salud y un “negocio para beneficiar a una clínica particular al firmar un acuerdo con el Seguro Integral de Salud (SIS)”.

Pero mi confusión entre mito y realidad no se detuvo, al creer haber escuchado que : “Le he pedido al Presidente del Consejo de Ministros que realice una propuesta de reorganización del despacho, incluyendo los parámetros para elegir asesores; Pido a los ministros de Estado que evalúen de inmediato su entorno cercano para garantizar que su gestión cuenta con las personas idóneas en cada uno de los sectores; Se aprobó por el Consejo de Ministros un proyecto de ley de muerte cívica para los corruptos, es decir, que quien haya sido sentenciado por casos de corrupción nunca más volverá a trabajar en el Estado, sea en el Gobierno central, las municipalidades o regiones; Convoqué al Consejo de Estado, compuesto por los titulares de los tres poderes, para que la lucha contra la corrupción sea producto de todos y por último, anuncio la creación de la Comisión Presidencial de Integridad, la cual reportara directamente y tendrá que proponer un conjunto de medidas legislativas y de gestión para enfrentar la corrupción”.

En ese momento me di cuenta que todo esto fue una falsa ilusión, ya que los hechos narrados solo habían ocurrido en la Republica de Perú. En tanto, nosotros continuamos siendo los primeros en “crecimiento económico”; en pagos de intereses por préstamos cuestionados y aprobados por nuestros “honorables”; en poseer “peajes fantasmas” y sobre todo, ser de los primeros dentro del programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, (PISA), que quizás, sea la principal causa por la cual conocemos, permitimos y aupamos a los corruptos y corruptores mientras permanecemos de brazos cruzados. Así nomas. ¡Sí señor!

 

 

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