Domingo, 19 de agosto, 2018 | 1:41 am

¡Hasta cuándo será, mi Señor!



Ya resulta más que vergonzoso la ‘avalancha’ de peloteros dominicanos que están y han caído por el consumo de sustancias prohibidas.

Es sencillamente una epidemia, una peste, que deja un sabor amargo y hasta frustración entre los fanáticos, que los tenían como ídolos y modelos.

Hace unos días me referí al caso de los peloteros criollos como un problema de fondo, porque ya no pueden burlar los controles.

Reitero, que ya las ciencias médicas detectan los esteroides al vuelo, y ante tanta pestilencia entre nuestros peloteros serán más rígidos.

Carlos Gómez se queja de la cantidad de pruebas antidopaje s que le está realizando Grandes Ligas en los últimos días, situación que tampoco debe sorprender a otros compatriotas suyos.

Es lamentable que del total de los casos detectados desde 2005 a la fecha los peloteros de República Dominicana se ubican en el primer lugar con 31 casos, por encima de Estados Unidos que registra 28, con más del 85 por ciento del total.

De Venezuela apenas han sido detectados seis, tres de Cuba, mientras que de Puerto Rico, México, Japón, Panamá y Nicaragua, apenas uno por país.

Entonces, cómo es posible que los dominicanos constituyan el grupo más tramposo, marrullero y trapacero del universo de Grandes Ligas.

El receptor Wellington Castillo no será el último, en cualquier momento seguirán cayendo otros.
Con confesar por escrito: “Asumo toda la responsabilidad de mi conducta”.

“He decepcionado a muchas personas, incluida mi familia, mis compañeros de equipo, la organización de los Medias Blancas y sus fanáticos, y desde mi corazón, me disculpo”, se logra muy poca cosa, que no sea engañarse a sí mismo.

Eso se puede escuchar muy bonito, pero resulta un simple engañabobos, porque todos saben a la perfección que lo realizado es pura hediondez, y una plaga creada quizá producto de la “ignorancia” de algunos, pero también ejecutada por farsantes y charlatanes.