Martes, 16 de octubre, 2018 | 10:11 pm

Gracias, viejo Puro



El viejo Puro es uno de los más sobresalientes personajes del merengue típico. Tamborero de primera categoría, acompañante por veinte años del maestro Bartolo, también frecuente de Tatico Henríquez y de ahí hacia acá, de todos los grandes músicos.

Canta, posee una notable inteligencia natural, ha encaminado y guiado los pasos de numerosos músicos del presente, como mis amigos Yovanny Polanco y el Prodigio, para no hablar de la reina María Díaz, con quien el viejo Puro estuvo casado.

Juan Antonio Robles, por su nombre de pila, es igualmente un fecundo compositor, de cuyas creaciones se ha nutrido nuestro merengue. Como persona, sabe ser amigo de sus amigos.

Ese amigo acaba de premiarme al componerme un merengue con una melodía muy apropiada para el merengue típico y con letras conceptuosas y bien construidas, que no pueden ser más enaltecedoras para mí:
Que felicidad yo siento/ cantándole a un gran amigo/ para Rafael Chaljub / un hombre muy merecido/…Un emblemático hombre/ con sobrada valentía/ orgullo siento en decir/ Rafael Chaljub Mejía/.

Y siguen los versos de la segunda parte:

Rafael Chaljub/ todos lo queremos/ porque es un ejemplo/ para nuestro pueblo/…Que hombre tan dichoso/ ese Rafael/ encontró una esposa/ igualita a él/ es muy bondadosa/ como Rafael/ que mujer tan dulce/ igualita a él/. Así, doña Dulce y, por supuesto, la familia entera quedan muy reconocidas con esta composición, que en sus versos finales dice:

Creo en lo que dice/ con fe y garantía/ es que en Rafael/ no hay hipocresía/… Lo que yo he cantado/ es todo muy cierto/ Rafael Chaljub/ es un libro abierto/ y trata su gente/ con mucho respeto/.
Los músicos típicos me quieren mucho, como yo los quiero a ellos, y a veces se dejan cegar por el cariño. Ya otros habían compuesto merengues para mí, como mi compadre Manolo Santos, el general Larguito, el inolvidable Juan Balbuena y el querido hermano Francisco Ulloa, entre otros.

El viejo Puro me hace este otro regalo y lo recibo emocionado. Conozco un poco el mundo típico y sé bien el valor humano que eso tiene, por eso me siento tan reconocido como si el gran Bethoven me hubiese dedicado una de sus mejores sinfonías.

Al maestro Puro, al ruiseñor Juan Cruz, que lo canta, a mi sobrino Raúl Román y a todos los amigos músicos que lo hicieron con tanta pasión, muchas gracias.

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