Gracias, Puerto Plata



El pasado viernes 23, por muy honradora invitación del Ayuntamiento de Puerto Plata, dicté una conferencia acerca de los aportes de esa importante provincia al surgimiento y desarrollo del merengue típico.

Debo primero, mostrarme agradecido. Por la distinción que me otorgaron las autoridades edilicias al invitarme, por la hospitalidad y el calor con que me recibieron y por los generosos comentarios que hicieron sobre mi persona.

Por haberme dado la oportunidad de reencontrarme con tantos viejos amigos y, de paso, hacer nuevas amistades.

Puerto Plata es tierra eminentemente merenguera y, como dije en algún momento, para hablar de música típica en esa provincia debí primero quitarme los zapatos en señal de reverencia.

Por ese puerto entraron los acordeones a nuestra tierra y sostengo que la zona montañosa de la provincia ha sido la principal cantera de merengueros típicos de nuestro país.

Los aportes al merengue folclórico son inmensos y hay tanta historia, tantos personajes emblemáticos, tantos merengues creados por la imaginación y el canto de los merengueros puertoplateños que bien merece la fundación del Museo del Merengue en esa ciudad con un patrimonio histórico tan rico.

Ojalá el Ayuntamiento se lleve la gloria y tome la iniciativa, y así los puertoplateños les hagan un aporte más a la cultura, a la nación misma, a la dominicanidad.

Turismo, Cultura, el Estado, el sector privado no debieran permitir que esa riqueza siga muriendo sin remedio en los archivos muertos del olvido.

A míen Puerto Plata siempre me va bien. Hay mucha gente que me quiere y yo la quiero, y para cerrar con broche de oro la grata experiencia que viví, debo destacar el exceso de generosidad y de delicadeza que me dispensaron al declararme, por voto unánime de la sala capitular, Visitante Distinguido.

Gracias. A su alcalde Walter Musa, a José Ramón Durán, presidente de la sala y a las demás autoridades, cuyos nombres me resulta del todo imposible mencionar en estas líneas.

En cambio, como si estuviera de pie frente a cada uno de mis anfitriones y los asistentes a la conferencia, simbólicamente les estrecho sus manos y les dejo el testimonio de volver tan pronto me concedan de nuevo el honor inmerecido de invitarme.

En mi nombre y de toda mi familia, les dejo estas tres palabras como expresión sincera de lo reconocido que me siento: Gracias, Puerto Plata.

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