Viernes, 16 de noviembre, 2018 | 5:02 am

Garrincha, el rey del fútbol



Hace tiempo que lo sé: fue uno de los mejores en la historia del fútbol; en Brasil, sin duda, de un liderazgo absoluto. Por su actuación en el mundial de 1958, en Suecia, y en Chile, en 1962, fue seleccionado como el mejor del torneo. También jugó en 1966, en Londres. Sus compatriotas brasileños lo bautizaron “la alegría do povo”, por su estilo de juego y la forma de regatear la pelota, en forma divertida y fenomenal.

Él fue muy importante para el fútbol mundial, ganó casi todos los juegos de sus 60 partidos en la selección nacional.
Sus hermanos le apodaron Garrincha, que es en nombre de un pájaro muy veloz, pero “feo y torpe”. Su verdadero nombre era Manuel Francisco Dos Santos, y su apócope Mané, nació un 28 de enero de 1933, en Pau Grande, Magé, muy cerca de Río de Janeiro. Tuvo una infancia de extrema pobreza, y falleció en la miseria. La causa de muerte fue dentro del cuadro de alcoholismo crónico; aquel día trágico llevaba 19 días bebiendo.

Fue un ángel de piernas torcidas. Zambo, tenía las piernas girada hacia el mismo lado, 80 grado hacia adentro, la pierna derecha 6 centímetros menos que la otra. La columna vertebral torcida como una S, aunque fue operado, sin ningún éxito.

Jugó en el club de fútbol Fotafogo (1951-1963). Fue el mejor puntero derecho de la historia. Mejor regateador, tenía habilidades que no tienen hoy otros jugadores; usaba las piernas para lograr sus hazañas. Sus jugadas se ven en el cine, y en la Tv son documentales. Su vida fue de leyenda. El psicólogo del equipo donde jugaba, João Carvalhaes, lo consideraba un débil mental, incapaz de jugar al fútbol. Como jugador fue un modelo divertido dentro de la cancha.

n su vida personal le acompañó el sufrimiento, casi desde la infancia. Existe el mito de que fue hijo de su propia hermana, producto de la violación. Adicto al cigarrillo desde los diez años y al alcohol, tampoco tenía ninguna instrucción pública, y trabajó duro en fábricas desde pequeño. Su vida cambió en 1972, cuando se retiró del fútbol. A su alrededor pululó la miseria, y después de su muerte se encontraron muchos cheques vencidos en su habitación, se cree que no sabía canjearlos.
La muerte de Garrincha fue una lección de vida, y un duro golpe a las autoridades del Brasil, que sirvió para prestar más atención a la infancia deportiva y al destino de sus mejores atletas. Su familia también vive en la pobreza.
Todavía se recuerda aquel inolvidable 20 de enero en Río de Janeiro, el día de la muerte de Garrincha. Su cuerpo fue llevado al Maracaná, para sus honras fúnebres y fue cubierto con la bandera de su club sempiterno, el Botafogo, que significa “botafuego”.

Llegó a tener 14 hijos reconocidos de distintas esposas y amantes. Uno de ellos en el 62, en la copa de Fútbol, en Suecia. En 2005, ese hijo lo visitó en Pau Grande, pero en el cementerio de Raiz da Serra, donde está enterrado, en una tumba descuidada y abandonada. Por su ejemplo vital no simpatiza como el rey del fútbol.

Wilfredo Mora

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