Frontera abierta



Al parecer solo las autoridades dominicanas no han logrado percatarse del desbordamiento de la migración ilegal proveniente de Haití.

El país está viviendo otro fenómeno paralelo, el de los venezolanos que han llegado huyendo de la desesperante situación política y económica en que vive esa nación suramericana.

La migración venezolana entra a nuestro territorio de manera legal, con registros y documentos.

Además, se trata de un fenómeno que no tiene vocación de permanencia, pues Venezuela es una nación inmensamente rica, solo que destrozada por la absurda administración de sus actuales gobernantes.

Sin embargo, ni esa migración hemos sido capaces de regular.

La migración haitiana es desbordante, con el agravante de que le genera al país una montaña de problemas adicionales y descrédito internacional.

Esa migración está sangrando los servicios públicos, destruyendo nuestro frágil sistema de salud.

Nuestras autoridades no han querido asumir que hay una irresponsable comunidad internacional empeñada en que la República Dominicana asuma como suyo el problema de pobreza y desorden institucional del vecino país.

Los centros urbanos y las zonas rurales están desbordadas de inmigrantes ilegales haitianos, indocumentados en su país y con una serie de organismos que han demostrado no tener contemplaciones a la hora de presionar para que el Estado dominicano asuma a esos haitianos como suyos.

No se perciben acciones en firme por parte de las autoridades con miras a enfrentar este fenómeno.
Al parecer el Estado dominicano abandonó la frontera a su suerte y que entre todo el que quiera.

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