Fístulas orales



Durante la consulta muy a menudo recibo pacientes que refieren tener o haber tenido una pequeña “bolita” molestosa o dolorosa en la encía que en ocasiones ha desaparecido pero ha vuelto.

Se trata de la presencia de una fístula;  la cual consiste en una abertura de la mucosa o la piel que el organismo crea como método de drenaje y así poder expulsar el contenido purulento (pus) procedente de un proceso infeccioso dentro del hueso. En palabras más simples, la fístula es una forma de defensa natural del organismo.

Las razones para que aparezca una fístula pueden ser: por caries sin tratar o traumatismos que hayan afectado el nervio dental de manera irreversible, también puede deberse a enfermedades periodontales, tratamientos de canal fallidos, grietas o fracturas dentales, degeneración de la pulpa dental por restauraciones muy profundas, tratamientos ortodónticos mal empleados, perforaciones dentales durante algún procedimiento en el consultorio, entre otras.

Lo más común es que dichas lesiones salgan en la encía pero también pueden aparecer en la piel de la cara, tendiendo esta última a dejar cicatriz.

Algunos pacientes suelen tomar antibióticos cuando descubren la presencia de una fístula, la cual desaparece debido a la medicación, mientras que con el paso de los días reaparece. La razón de esto es que la única manera de erradicar y curar una fístula de origen dental es realizando el tratamiento correcto, se realiza una endodoncia (tratamiento de canal), en algunos casos se debe combinar con un tratamiento periodontal (de la encía), el sellado de una perforación o como última opción la extracción de la pieza.

La ingesta de antibióticos deliberadamente por un paciente, la higiene bucal, el uso de un enjuague antiséptico y otros intentos de resolver el problema no curarán la fístula, se debe acudir a un odontólogo para que realice una fistulografía y luego se practique el tratamiento adecuado.

Dios les bendiga abundantemente.

Publicidad

Publicidad