Martes, 11 de diciembre, 2018 | 1:32 pm

Falta de agua en Haití, nuestra tragedia



Impulsada por la Alemania de la primera mitad del siglo XIX, comenzaron a expandirse en el mundo las ideas del determinismo geográfico a través de la Escuela Determinista que fundara Freidrich Ratzer, cuyo fundamento consiste en mostrar la extraordinaria influencia del medio ambiente en el curso de la historia y las civilizaciones.

Esta visión va a perder mucho espacio luego de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial y debido al impulso de la Escuela Posibilista, liderada por los franceses Lucien Febvre y Vidal de la Blanche, quienes postulaban que contrario al determinismo, los entornos ambientales pueden ser aprovechados de diferentes maneras por los individuos para alcanzar un desarrollo sostenible e integral.

Ambos paradigmas se han mantenido dentro de los postulados de la Geopolítica, considerada una ciencia que estudia, a través de la historia y la geografía, la causalidad de los acontecimientos políticos y sus perspectivas futuras.

En estos días, a propósito del planteamiento anterior, he reflexionado en torno al informe de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos que da cuenta de que Haití, con quien la República Dominicana comparte el territorio de la isla La Española, dispone de menos del 1% de bosques primarios, situación que le coloca con bajísima capacidad de incorporar agua a los recursos hídricos. Y surge la pregunta, ¿estamos ante un caso típico de determinismo geográfico?

La respuesta es que no se trata de un determinismo geográfico, porque han sido los propios haitianos quienes han provocado la situación, motivado a la depredación sistemática de sus bosques y el resto de los recursos naturales.

Este lado de la isla queda afectado ante esa situación, por lo que el propio informe recomienda a la República Dominicana que aumente la vigilancia en la Cordillera Central y en las sierras de Bahoruco y Neiba y que no se convierta en fuente de abastecimiento de madera para construcción y producción de carbón de sus vecinos.

Haití es el país más pobre del hemisferio occidental y retrocede año a año. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 80% de su población vive con menos de dos dólares al día y alrededor del 60% tiene serios problemas de desnutrición.

Además, cerca de 6 millones de los habitantes viven en áreas rurales y el 85% de ellos se dedica a una agricultura y/o ganadería de subsistencia. La mayoría de las personas con hambre y desnutrición habitan en las zonas rurales, por lo que resulta lógico suponer que la situación empeore en los venideros años.

También la referida nación tiene problemas de suelos degradados y una grave deforestación, que provoca que tenga una enorme erosión del suelo y esté barrida por las tormentas.

El hecho de que los dos países compartan el mismo territorio de la isla, lo conecta, al margen del determinismo o del posibilismo.

Estamos juntos en el Corredor Ecológico del Caribe, un territorio que debería proporcionar conectividad entre paisajes, ecosistemas y hábitats de La Española, contribuyendo al mantenimiento de la diversidad biológica.

Desafortunadamente, la desatención del medio ambiente en Haití conspira con una manera eficiente de fomentar el desarrollo sostenible y la conservación de los ecosistemas.

Y en particular, la falta de agua de lado haitiano, marcha el inicio de una futura tragedia para el pueblo dominicano, que tendrá que soportarla de manera irreversible si no se adoptan las medicadas preventivas correspondientes.

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