Viernes, 7 de diciembre, 2018 | 12:34 pm

Estrictamente corpóreo



Así se titula el más reciente volumen de ensayos del cardiólogo y escritor Jochy Herrera, publicado en la Colección del Banco Central de la República Dominicana.

Una ambiciosa mirada, desde un ángulo óptico humanístico, acerca de la máquina del cuerpo, que procura manifestar una dimensión de la corporalidad, y del ser humano que en ella habita, yendo mucho más allá de su funcionamiento orgánico y de su presencia física.

Se trata, más bien, de ver en el cuerpo la puerta de entrada del ámbito de los sentidos en la relación del individuo con su entorno, con su mundo.

David Le Breton (2010), un pensador pivote en la ensayística de Herrera, sustenta que la condición humana es fundamentalmente corporal.

El cuerpo es base y fuente de la identidad individual y colectiva del sujeto, por cuanto desde él tiene lugar la apreciación ética del otro. Al cuerpo debemos nuestro nombre, reconocimiento, identificación, sexo, edad, pertenencia social, cultural e histórica.

No hay relación del hombre con el mundo o con los demás que no implique la simbólica mediación de la corporeidad.

El cuerpo es indicio y vestigio, huella, en términos característicos leibnizianos, de la escritura acerca del sentido de la vida y la muerte, el placer y el dolor, el pensamiento y la acción, la contemplación y el tedio. Existir es, pues, habitar, como alma, un cuerpo. O como cuerpo, agitar un alma.

Como médico, conoce Herrera el origen bioquímico, funcionamiento y consecuencias de asuntos como el deseo, la pasión, el beso, los sentidos, el instinto, el odio, las células del pensamiento, la máquina del cuerpo, la vida, la muerte y los efluvios del alma podría ser que, de ordinario, quedase atrapado en la certitud y que su enfoque y lenguaje fueran precisos, taxativos y hasta fríos. Pero no.

El creador, soberbio y bellaco, que habita en su talante científico lo hace, para fortuna de sus lectores, que transgreda esos diques de contención a favor del placer del texto y de la escritura, para, con un estilo personalísimo, rayano en lo poético y absolutamente libre y plural en la exposición ensayística de sus ideas, sentimientos y lucubraciones, premiarnos con escritos que, aun empleando el dato científico, despiertan en los lectores una fruición, un goce que hace de la meditación una verdadera fiesta del pensamiento y de los sentidos.

La vocación estética de Herrera pone en valor el juicio gnoseológico aristotélico según el cual nada podría estar en el entendimiento, sin que haya estado antes en los sentidos, a no ser que se trate del entendimiento mismo.

El autor de “Estrictamente corpóreo” (2018) nos muestra, en cada una de sus piezas reflexivas, una bien articulada concepción del ensayo como formación discursiva concreta -eso que en literatura solemos llamar género-, así como también, una poética, en tanto que apuesta por una concepción de la escritura creativa que implica, desde la óptica de Meschonnic (2017), una postura frente a lo político, lo social, lo lingüístico, lo estético y lo ético.

A horcajaduras entre la perspectiva naturalista y la poética, lo que otorga singularidad y vuelo conceptual a la escritura de este cardiólogo y humanista dominicano en torno a la dimensión corporal y su vínculo con el alma es, que si bien ahonda en lucubraciones relativas al carácter biológico y la fisiología mecánica del corazón -refugio de la vida y morada del ser-, sus enfoques y abordajes recuperan aquel preterido simbolismo mítico del órgano, redescubriéndolo, sin menoscabo del rigor científico, en sus andanzas metafóricas, vitalistas por la pintura, la literatura, la música, la filosofía y otras formas del saber, desde la época antigua hasta la posmodernidad y la modernidad tardía.

Publicidad