Esa transición sigue pendiente



Cuando mataron al tirano Rafael Trujillo hace cincuenta y seis años, los norteamericanos intervinieron para impedir que el fin de Trujillo fuese sucedido por un proceso de cambios democráticos y progresistas.

En plena guerra fría, el fantasma de “la otra Cuba” le quitaba el sueño a los gobernantes yankis, temblaban ante la posibilidad de cambios progresistas, y ante la realidad creada en nuestro país, su primera opción era mantener el trujillismo sin Trujillo, pero con Balaguer.

El auge de masas en las calles se lo impidió, y entonces echaron manos a una reserva política con la que ellos habían contado desde muchos años antes y que en 1961 salió a la arena con el nombre de Unión Cívica Nacional.

Esa agrupación, trinchera política de la vieja oligarquía, venció la ambición y la tenacidad de Balaguer, que al frente de los remanentes de la tiranía quería seguir en el poder.

La UCN, sumisa en todo momento a los dictados norteamericanos, tomó el control del país en enero de 1962, lanzó al agua sus viejas proclamas antitrujillistas y, por el contrario, dejó en pie la maquinaria de la tiranía, rehabilitó a viejos esbirros materiales e intelectuales del trujillismo y aunque cambió de fachada, las bases del viejo régimen sobrevivieron.

El profesor Juan Bosch a la cabeza de su partido, lejos de denunciar la maniobra, asumió una actitud conciliatoria con los trujillistas, se ganó el caudal de votos que ellos constituían y que quedó flotante ante la ausencia de Balaguer en las elecciones de 1962, y aunque las ganó, la pervivencia del trujillismo determinó su caída a solo siete meses de juramentarse.

Oficiales de la escuela trujillista y la bandera del “anticomunismo” que Trujillo esgrimió, se conjugaron y el ensayo democrático que Bosch pretendió dirigir, naufragó con todas sus trágicas consecuencias.

El Catorce de Junio, como toda la izquierda, denunció la componenda, pero el esfuerzo no rindió los frutos, ni siquiera una Comisión de la Verdad pudo crearse, se consagró el reino de la impunidad, el trujillismo conservó sus raíces, se mantuvo como cultura política, recuperó el poder cuatro años después, y a causa de la misma injerencia yanki y la inconsecuencia de las fuerzas políticas que han ejercido el poder, aquella transición para avanzar hacia un régimen democrático, con normas e instituciones funcionales, sigue esperando después de más de medio siglo de morir Trujillo.

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