En defensa del Dr. Julio Gómez



El cabildero Ángel Rondón y los otros 13 acusados de recibir sobornos por un monto de 92 millones de dólares de la empresa Odebrecht para que le asignaran obras que después sobrevaluaba, andan por ahí como “Pedro por su casa”, libres, disfrutando sus riquezas, gracias a una decisión de la Justicia.

En tanto, esa misma Justicia mantiene en prisión a un médico inocente, en un evidente abuso de poder contra un hombre que lo único que hizo fue evitar que un asaltante lo matara.

Para variar la medida de coerción de cárcel por prisión domiciliaria o el pago de una fianza, en el caso Odebrecht, los abogados alegaron -y los jueces aceptaron- que Ángel Rondón y compartes no representaban peligro de fuga.

El Ministerio Público hizo muy poco o no hizo nada para que los acusados siguieran tras las rejas.

En cambio, al médico que me refiero, ginecólogo, con dos trabajos, y tres hijas en la universidad, le ratifican prisión preventiva como medida de coerción.

Resulta que el seis de septiembre del año pasado, el doctor Julio Gómez fue sorprendido por unos asaltantes cuando llegaba a su casa junto a un sobrino, tras retirar 48 mil pesos de un banco para reparar su casa en Sabana Perdida. Evidentemente no vive en una mansión.

A la entrada de la marquesina lo interceptó un asaltante y a punta de pistola, le dijo: “Dame el dinero”. Lo venían siguiendo. El delincuente le entró la mano en los bolsillos y se llevó el dinero.

Poco después se devolvió, parece que pensó que el doctor le podía reconocer, y quiso matarlo.

Entonces se produjo un forcejeo entre ambos. El asaltante hizo un disparo que impactó en una pierna a Jhon Federico Arias (sobrino de Gómez). Mientras Gómez y su atacante libraban una lucha cuerpo a cuerpo, el sobrino alertó a los vecinos.

Además de ginecólogo, Gómez es pastor evangélico, por lo cual pedía a los vecinos que no golpearan al ladrón conocido en el barrio como “Lagrimita”, quien hacía un mes había salido de la cárcel. Enfurecida, la gente golpeó al ladrón, y este murió. El médico y su sobrino fueron apresados.

Y desde entonces los dos están en prisión, paradójicamente a solicitud del Ministerio Público. Es como si quisieran enviar el mensaje de que en caso de un asalto lo mejor es dejarse matar.

Pero como decía mi abuela “Mamamona”: “para la que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena”.

Solo en un país como este es más fácil que salga de la cárcel Manuel Rivas y los otros empleados de la OMSA, implicados en la muerte del abogado Yuniol Ramírez, que un médico inocente como el doctor Gómez. Solo en este país, a los delincuentes les resulta más fácil salir de la cárcel que a un hombre serio entrar a ella.

Es cierto que el doctor Gómez no tiene tantos recursos como los que recibieron sobornos de Odebrecht, pero su comunidad y todo el que le conoce sabe que más fácil se van Rondón y Díaz Rúa del país que él, por lo tanto, magistrada Olga Diná Llaverías, ese hombre merece estar en libertad.

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