Emely Peguero: la locura por la sangre



El caso de la niña Emely Peguero Polanco es la oportunidad precisa para que la nación se interese por la realidad de los delitos de sangre, los cuales sobreabundan y significan aquellos que más afectan la moral de la nación dominicana; tradicionalmente se publican en las estadísticas oficiales, que más bien son “animales tardígrafos”.

Aunque este caso ha ofendido profundamente a la sociedad dominicana, no hay que olvidar que en una corta distancia en años hemos sufrido de serios sucesos de feminicidios, atracos desalmados, y olas de homicidios de una gran variedad.

El delito de sangre –no importa la efusión ni la ocurrencia–, es fundamentalmente un delito psicológico y, por lo general, no es un delito profesional.

De ahí su raíz cruel, patológica, inmoral, enfermiza, y los que sospechan algunos de este caso de marras, es que ha sido gravemente irresponsable, en grado superlativo.

Este delito contra la vida de una inocente criatura, presidido de un aborto “honoris causa” invertido (pues era el fruto del amor entre el padre imputado de la muerte de quien pudo ser, a pesar de su corta edad, una madre ejemplar), estremeció los cimientos de esa comunidad.

Los delitos de sangre desfavorecen más a la mujer que a los hombres. La marcha de la delincuencia de sangre tiene en el caso de Emely una verdad insoslayable: la edad de la víctima.

Siempre es lo mismo, desde lo sexual, las víctimas ultimadas no sólo resultan ser menores de edad, sino mujeres.

Aunque nadie ha considerado la expresión “feminicidio”, este caso resulta a todas luces un ejemplo patente de criminalidad pasional.

Emely es un caso de un drama de amor, evolucionado desde el aborto al homicidio; el autor, un uxoricida sin codicia, pero completamente prejuiciado, al grado que vio como válido dar muerte a una persona por un simple embarazo, le atacó el mal de la locura de la sangre (la frase es de Nietzsche).

¿Cómo nos ve el mundo frente a estos casos tan desagradables de delitos de sangre? Este y otros homicidios son muy altos. Hay otros hechos en el calendario criminal de nuestro país que no estamos prestando la atención debida.
Los arqueólogos de la criminología desean saber, mientras tanto, por qué mataron a Émely.

Y si ciertamente fue el imputado el autor de ese sanguinario y bárbaro hecho, que además adopta forma de eugenesia, que consistió en matar para impedir que la criatura naciera, es recomendable empezar por la estadística de sangre.

Corresponde a la Justicia castigar el caso, darnos una razón de las relaciones de vida que están llevando los hombres; y los ministerios del Estado para hacer más aportes en la disminución de estos tipos de criminalidad.

De repente cualquier cosa es verdaderamente útil: menos puntos de bebidas, integración juvenil, promoción del matrimonio entre los jóvenes, limitación de lugares de explotación a la mujer, entre otros.

Bueno, y a todo esto, ¿qué va a decirnos usted de la madre? Ella lució como un espécimen con educación no seria; la crónica negra de muchas otras figuras de la vida pública de este país gracias a los dineros mal habidos.

No creo que una persona así haya estudiado en la Harvard que hace posible presidentes.

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