Miércoles, 21 de noviembre, 2018 | 9:57 am

El “vertedero” de la comunicación



Indudablemente que el mundo ha cambiado sustancialmente, sobre todo con el acceso masivo y gratuito a la internet, herramienta que posibilita que gran parte de la población mundial pueda disponer de contenidos diversos que hasta finales del siglo XX, solo eran suministrados por los periodistas, escritores o las élites culturales o académicas.

Luego de muchos siglos de historia para pasar del papiro egipcio al digital de hoy, la comunicación ha venido variando y perfilando la nueva sociedad.

Estamos ante un mundo hipersaturado, en el cual el problema no radica, necesariamente, en la información, sino en la capacidad de separar la verdad de la mentira.

Pero también el panorama actual es otro, debido a que esa verdad no resulta ya tan relevante, porque importan más los seguidores o las entradas de los internautas que el prestigio de la fuente o del profesional que la afirma.

Los algoritmos que controlan la comunicación son más cuantitativos, esfumándose el “honor profesional” al que Max Weber atribuyó un papel fundamental, en su obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.

Todos nos encontramos ante una era caracterizada por las publicaciones irresponsables, la viralización de videos, del reportero ciudadano, de personas que de la noche a la mañana son figuras públicas por un meme mal intencionado, de la broma constante disfrazada de noticia y de las expectativas razonadamente exacerbadas.

Las redes sociales se han convertido en la palanca para que se mienta más y se difundan las “noticias falsas”, una frase mal empleada porque un acontecimiento no debe denominarse noticia si carece de veracidad.

La Real Academia Española de la Lengua define a la mentira como “la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente”.

Desafortunadamente, en la República Dominicana muchos políticos se han montado en la “ola” de las redes, incluyendo a funcionarios públicos.

En el caso de una parte de estos últimos, hasta diseña políticas públicas en función de lo que se promueve en las redes sociales, sin darse cuenta del error en que incurren con esa práctica.

Ayudadas por las redes sociales, las “noticias falsas” representan una alteración de la realidad, desvirtúan los hechos a conveniencia y pueden llegar a modificar la opinión de los ciudadanos, ya que aparentan ser verdaderas.

Desde el punto de vista del ejercicio profesional, su difusión, utilizando portales de falsedades, constituye una grave falta a la ética periodística; debido a que dejan de cumplir el principal rol de los medios de comunicación en la sociedad, que es informar desde la verdad.

Las “noticias falsas” se difunden más rápido y llegan a más personas que las ciertas, según una investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que analizó 126,000 noticias desde 2006 hasta 2017.

El estudio, considerado como el más amplio jamás publicado sobre la difusión de noticias en redes sociales, constata cómo las mismas se “retuitean” un 70 % más que las ciertas de media.

En la investigación se llama la atención acerca del hecho de que en el caso de las informaciones verdaderas, tardan seis veces más en llegar por vía de Twitter.

En el caso dominicano, una mirada reflexiva a esta nueva era que vive el mundo debe conducirnos a profundizar sobre las redes sociales y su impacto en la sociedad.

No planteamos que dejen de usarse, sino que su utilización sea para promover cuestiones provechosas; su rol actual, definitivamente, es que son el “vertedero” de la comunicación social.

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