Viernes, 17 de agosto, 2018 | 5:22 am

“El trago amargo se bebe rápido”



No hay que hacerse ilusiones. El acoso a que desde un tiempo a esta parte se ha sometido a la República Dominicana durará tanto tiempo como el que duren el Gobierno y el Estado dominicanos para ejercer definitivamente su facultad constitucional y soberana de devolver a su país de origen a todo extranjero que se encuentre en estatus de ilegal en nuestro territorio.

Esto es: si duramos cinco años para hacerlo, ese mismo tiempo durará el acoso, si duramos diez años, entonces la presión se extenderá por diez años. Pero si lo hacemos en un año o menos, eso mismo durará el asedio.

Entonces, el gobierno debe apurar ese trago amargo en el menor tiempo posible, porque “El trago amargo se bebe rápido”, nos enseña la vieja expresión de sabiduría del pueblo.

No se debe ignorar que el bloque manipulado por las grandes potencias y que operan las islas circunvecinas juntas con Haití y algunos estados de la región torpemente dirigidos en complicidad con la ONU y la OEA contra nuestro país, tiene una sola lógica: “República Dominicana es el único país que debe acoger voluntaria u obligadamente a los haitianos. Sólo de ese modo nosotros podemos evitar que los haitianos lleguen a nuestros países”.

Es esa la razón por la cual se constituyeron en bloque de presión para exigir que el gobierno dominicano declarara la amnistía total o el famoso “entren tó” los indocumentados durante el recién concluido proceso de regularización de la Ley 169-14.

Fue así como las grandes potencias hicieron tan obvia su intención, su esfuerzo de renegar la posibilidad de recibir haitianos. Ellas no quieren, repito, importar pobreza. Los cual cobra cruda evidencia con las frecuentes deportaciones de haitianos que hacen los islotes y colonias que integran el Caricom.

En su racionalidad, “como Haití y la República Dominicana son el mismo territorio. En consecuencia, es  ésta que debe recibir a los haitianos y a quien le toca asumir la carga”.

Estamos, pues, explorando el origen de la idea del Estado binacional, concebida y diseñada por las mismas potencias que explotaron para sí lo mejor de la otrora riqueza Haitiana, las que sumieron a ese país en una inopia tal que lo condujeron a su actual condición de Estado fallido, incapaz hasta de dotar de documentos de identidad a sus nacionales, negándoles la condición y los derechos de ciudadana.

Lo que no logro entender es por qué razón nuestras nuestros voceros internacionales no elevan por lo más alto argumentos tan sencillos y evidentes, apoyados en la frecuentes imágenes que proporciona la televisión internacional sobre las deportaciones masivas y violentas de haitianos que hacen los países e islotes apandillados para acosar al nuestro sobre la base de acciones sin precedente de doble moral e hipocresía.

Atravesamos un momento difícil, un verdadero desafío a nuestra supervivencia como Estado soberano por lo que cada y dominicana y dominicano, autoridad o simple ciudadano comprometido con el legado de los padres de nuestra nacionalidad debe prepararse a dar lo mejor de sí, apoyarnos primero como país y apoyar a nuestro gobierno, las medidas y disposiciones dirigidas a cumplir los dictados de nuestra Constitución, de nuestras leyes; y a ejercer nuestra soberanía como Estado.

 

Debemos estar conscientes de que sólo se trata de un bloque, pues además de que unen su voz cual Fuenteovejuna, son al mismo tiempo una concierto de connivencia; una actitud en componenda. Allí se perdieron las diferencias ideológicas que encarnan de un lado Estados Unidos, Canadá, Francia e Inglaterra; y del otro Cuba y Venezuela. Entonces, parecería tomar aplicación la pragmática frase de que “Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos, sino intereses.

Ese mismo bloque deja resueltas viejas confrontaciones y luchas de clase, “borra” las tensiones y conflictos políticos de baja intensidad, pone feliz fin a la Guerra Fría entre las potencias y Cuba-Venezuela, para tender un puente internacional de cooperación que culminaría con la reapertura de embajadas con medio siglo de clausuradas. No importa que en el campo de batalla se cuenten dos grandes bajas: el pueblo dominicano y la verdad, que es la primera víctima de la guerra, como en una ocasión dijera desde el Golfo Pérsico el periodista Peter Arnett.

Repito: si los haitianos se quedan como carga exclusiva dominicana, entonces desparecen los intereses ideológicos actualmente confrontados. Los países constituidos en bloque no tendrían que cargar el fardo de la pobreza haitiana y se benefician por igual Estados Unidos que Cuba, Francia que Venezuela, Canadá que Jamaica e Inglaterra y Guyana  junto a la comunidad Europea con sus islotes satélites del Caricom, constituidos en estados anómalos y neo-colonias para reunir el quórum y sumar los votos en organismos internacionales que cita Juan Bosch en su tratados históricos.

*Es periodista.

Carlos Rodríguez

Publicidad