Viernes, 16 de noviembre, 2018 | 3:46 am

El ruiseñor de Avignon



En su pueblo natal la llamaron ruiseñor D’ Avignon. Su nombre es Mireille Mathieu: un ídolo de las mujeres del mundo, ejemplo artístico de mujer que ha de admirar todo hombre.

Si hay que adorar a las mujeres por sus encantadoras siluetas, delicadas manos y otras, las que tienen la suerte de tener una voz melodiosa para el canto, he aquí el ejemplo de la mujer perfecta, a quienes los antropólogos ‘avant la lettre’ le han diseñado otro modelo que rompe con el ya tradicional, que está muy cargado de sexualidad, y mercado del cuerpo.

El tema de las mujeres en el mundo argentea tanto en el mar, que nos impide ver bien el significado de ellas. Si cae este dogma del sexo femenino, particularmente aquel que apuesta a la biología como destino, quizás sea posible una nueva mirada antropológica, más libre y fuera de todo suspenso, que diga que “existe una riqueza en la dimensión femenina de los procesos socioculturales en general” (tal es Verena Stolcke, en “El cómo y por qué de las mujeres”).

No creo que las mujeres deban ser como los ruiseñores que solo se dedican a cantar para alegrarnos, para ser el deleite del hombre.

Debemos sentir preocupación por las mujeres que están siendo explotadas por los hombres, tomando como base su encanto, belleza y su cuerpo, en general la idea de que la mujer es un ser indiferenciado.

En las últimas horas los feminicidios se han disparado, pero no la esbeltez de la mujer, sino por su condición de ser sojuzgado por el varón.

Es tiempo de reflexionar bien.

El poder decir que el hombre y la mujer están cargados de funciones que son significado que trasciende los hechos; que no se puede partir de la desigualdad en la relación, que sin haber confrontación ni conflicto, el hombre quiere mantenerla en la pobreza, para poder dominarla.
MireilleMathieu es la voz de ruiseñor que surge en medio de desaliento social y espiritual. De cuerpo menudo, pelo corto y no muy alta de estatura; ella ha nacido para ser el otro ruiseñor, un pájaro que tiene el hábito poco común de cantar hasta bien entrada la noche, y de silbar fuerte para ser escuchado, sobre todo si el sitio está muy urbanizado que le requiere mayor esfuerzo.

Pero su destino es cantar, lo que yo interpreto equivale a no ignorar el valor de las mujeres, de luchar junto a ellas, a seguir y seguir desde que empieza la promesa de una nueva era.

Exactamente eso, como el ruiseñor “que vuelve y vuelve a decirlo y no se cansa”.

Porque las cosas no se aprecian sino después de tanto machacarla.

A lo largo de su carrera de cantante, de sus docenas de álbumes, y sus canciones han destacado más allá del éxito comercial, por saber sobrellevar la vida simple y de mujer completa.

Wilfredo Mora

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