Sábado, 23 de junio, 2018 | 9:14 pm

El racismo de las clases medias

ontrario a lo que muchos ingenuos plantean no es el antihaitianismo lo que genera el racismo, sino a la inversa, es el racismo una de la fuentes del antihaitianismo.



Mucho se debate sobre el racismo en la sociedad dominicana y las posturas a favor y en contra están cargadas de emociones. En ciencias sociales la razón es el criterio, no las pasiones, y mucho menos las fobias. Es un hecho que en las clases medias, eso que llamaba Bosch la pequeña burguesía media y alta, hay gran incidencia de posturas racistas, aporofóbicas y machistas. Sus causas son diversas. No es una patología exclusiva de la República Dominicana, lo cual no justifica su existencia.

El racismo de ese sector de clase proviene fundamentalmente de nuestra historia del siglo XX, especialmente articulado como ideología por los intelectuales al servicio de la dictadura del criminal Trujillo. Hay buenos estudios sobre el tema de la ideología trujillista, me basta con referir a Andrés L. Mateo y Diógenes Céspedes, que entre otros investigadores han analizado a fondo el asunto. Contrario a lo que muchos ingenuos plantean no es el antihaitianismo lo que genera el racismo, sino a la inversa, es el racismo una de la fuentes del antihaitianismo. Si fuera lo contrario existiera un rechazo de igual magnitud contra España y Estados Unidos cuyas invasiones y abusos son mucho más recientes en nuestra historia y Haití nunca volvió a agredirnos desde el 1858, al contrario, nos apoyó, con riesgos a su propia soberanía en la guerra que libramos contra España en la Restauración.

La matanza contra la población negra de la frontera, haitianos y dominicanos, fue usada por el déspota para cerrar su control de todo el territorio. Previo a eso Trujillo testimonió que era hatiano también por ser Chevalier. La intelectualidad corrompida del régimen, para justificar ese crimen, inició un fuerte movimiento para denostrar al pueblo haitiano por su color de piel y su cultura. Esa perversa campaña de los teóricos del jefe a partir de la matanza de la población negra en la frontera mantiene una filiación en el tiempo hasta el presente con la insensata propuesta del muro. Los nazionalistas de hoy son hijos y nietos ideológicos de quienes cubrieron de tinta el genocidio de 1937.

Previo al trujillismo el objeto de desprecio de muchos de los intelectuales, miembros de esa misma pequeña burguesía, era la inmensa mayoría del pueblo campesino, por considerarlos “mezclados” racialmente, por su escasa alimentación, su analfabetismo y sus expresiones culturales. El pesimismo dominicano hunde sus raices en ese desprecio. Odiaban al campesino dominicano pobre. Bosch en 1940, prologando un libro de Jimenes Grullón, hace una defensa radical de ese pueblo campesino mayoritario y culpa a los “pueblitas” de su miseria y explotación, y tres años después él escribió una memorable carta donde condena el antihaitianismo del trujillismo y defiende los derechos del pueblo haitiano. Luminosamente Bosch destaca que los pueblos dominicanos y haitianos son hermanos en la explotación que padecen de sus verdugos en la isla. Por tanto sólo el racismo y brutalidad de algunos líderes y miembros del PLD los lleva a ser antihaitianos.

Como discurso el racismo antihaitiano siempre se ha alimentado de mentiras, que repetidas una y otra vez han calado en las capas medias urbanas, alejadas de la frontera, que fantasean con una “invasión” o una descabellada “fusión”, mientras en la frontera -me remito a una foto recientemente publicada- el oficial de migración dominicano hace su labor sentado en una silla  plástica embelesado con la negra (¿haitiana?) sentada en sus piernas. Asistimos a payasadas de tontos que gritan con la bandera nacional en los parques Duarte e Independencia de la capital pidiendo sacar a los haitianos y en Pedernales se hunden en la miseria porque perdieron a sus trabajadores y negociantes haitianos. Sugiero como gesto nacionalista a los patrioteros ir a Pedernales a ocupar las plazas de trabajo dejadas por los haitianos…y con sus salarios. ¡La bandera nacional no llega a tanto! En la próxima Bitácora analizaré el componente político de la propaganda racista.

DAVID-ALVAREZ-Martín

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