El mal de fondo

Roberto Marcallé Abreu

Por: Roberto Marcallé Abreu

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23 enero, 2017 12:02 am



Lo cierto es que estamos inmersos en un “mal de fondo”. No mar, sino mal. Existe inquietud, y son evidentes los atisbos de protestas de envergadura.

Avanzar, corregir situaciones que ameritan ser corregidas en este contexto de reprobaciones y hermetismo oficial, resulta en extremo difícil.

¿Acaso fuerzas misteriosas e inescrutables nos castigan? Todavía se producen numerosas quejas ante los dilatados esfuerzos por reparar las devastaciones que provocaron las riadas. Muertos y desaparecidos, cientos de viviendas dañadas, carreteras y puentes destruidos, siembras afectadas de forma grave, y entonces se presenta el caso Percival. Detrás, y sin solución de continuidad, sobreviene el escándalo por sobornos de una multinacional brasileña. Los altos precios de los combustibles.

El poder ejecutivo devuelve al Congreso las modificaciones al Código Procesal Penal. Nueva vez el debate sobre la interrupción de la vida y la actitud benigna hacia los delincuentes.

Las ventas no aclaradas de solares en los Tres Brazos, la reforma fiscal indirecta, las alzas en los precios del pasaje y el costo de la vida, el conflicto sobre Valle Nuevo, la fundamental y necesaria recuperación de los ríos Ozama e Isabela, los debates suscitados por la planta de Punta Catalina, la violencia callejera, los atracos, crímenes, los asesinatos de mujeres, son, entre otros, las cuentas de este rosario.

Resulta fundamental visualizar fríamente cuanto ocurre y adoptar medidas de alguna trascendencia. Se requiere un cambio de perspectiva, evitar que se generalice más aún la idea de que estamos desbordados por los acontecimientos y que, en la oscuridad de la noche el barco de la nación navega a la deriva sin una conducción firme y consistente.

Para asumir una actitud como la que sugiere la delicadeza del momento, es preciso que en las esferas oficiales exista la disposición.

Hablar con claridad y actuar como dicta el sentido común. Buscar nuevos caminos y soluciones. ¿Será realidad alguna vez este sueño? Proceder de manera subrepticia puede dar resultados a corto plazo, pero solo a corto plazo. Vivir en una burbuja, creerse por encima del bien y del mal, no siempre es una garantía de que las situaciones se calmarán y todo seguirá su curso. No nos equivoquemos.

Sectores que observan el progresivo deterioro de su forma de vida y que se sienten indignados o impotentes ante este estado de cosas deben organizarse hasta donde les sea posible para impedir los abusos y la indiferencia, y que toda la gravedad de la situación recaiga sobre los más indefensos.

Hay que levantar la bandera de lo que mejor conviene a la patria y a la mayoría de los ciudadanos.

El silencio, la apatía, dar la espalda, no es nunca una solución. Es bueno entenderlo.

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