El arte del antropólogo forense



El pasado día 24 de junio, se cumplió la jornada de antropología forense en el marco del Diplomado de Ciencias Forenses de la Universidad Félix Adam, organizado por la Sociedad Dominicana de Medicina Forense, dirigida en esta ocasión por el doctor Cándido Jiménez Richardson.

Mi enhorabuena a los organizadores, y mi agradecimiento por abrir sus micrófonos para mí, y permitirme desarrollar algunas ideas sobre el tema de la antropología forense.

No tengo autoridad en este campo, pero he preparado con la mejor voluntad los puntos que los expertos sí hubieran considerados cruciales, ya que los antropólogos forenses no existen en el país, y que el sistema pericial les solicita colaboraciones en casos donde es claro que ameritan las opiniones de la antropología científica.

Por lo regular, los antropólogos ejercen su labor de forenses bajo las normas estándares de las Agencias de Investigación Criminal, que en cada país se rigen por los dictámenes de Naciones Unidas. Cualquier otra colaboración profesional diferente a la arriba enunciada traería confusión y problemas: beneficiaría al imputado (persona física o moral), desacreditaría al perito-antropólogo y al caso mismo.

La Antropología forense es una subespecialidad de la Antropología física, como método singular deberá transcurrir en tres momentos fundamentales: la cuestión paleopatógica, que tiene que ver con las variantes, anomalías, lesiones y enfermedades del pasado, a partir de las huellas e indicios que han dejado los restos óseos; el registro arqueológico, que es donde se llevan a cabo todas las técnicas arqueológicas, y los datos del cadáver permiten establecer una identificación, la verdad de la evidencia encontrada; y la tafonomía, que consiste en un tiempo y proceso de conocimiento de las trasformaciones y cambios en los restos humanos desde que fueron encontrado hasta la investigación.

Los familiares de las víctimas recurren al antropólogo, pues este representa un papel natural en el conocimiento del hecho terrible.

Estos deben conocer las leyes locales sobre tales hechos para saber cómo dirigirse a las autoridades cuando ha ocurrido una violación.

El antropólogo se limita a investigar el caso, no protesta ni defiende. No le corresponde exigir que la investigación se lleve a cabo o resguardar las pruebas. Pueden documentar el caso con fotografías, radiografías; pueden asesorar la veracidad de la denuncia, entrevistando a los familiares.

El arte del antropólogo se define por sus perfiles de científico forense, en los casos donde interviene: debe ser neutral, objetivo, independiente, científico y apolítico.

Puede documentar una opinión solo de lo que ha visto y también puede determinar si un acto está de acuerdo con una evidencia, un testimonio. Opinará sobre lo que ha llegado a saber con certeza, pero no puede decir que un acto ocurrió sin haberlo presenciado.

Deben informan al tribunal. Este informe es escrito, aunque son exhaustivos, deben presentarse con claridad. Debe contener un análisis amplio que resume los hechos del caso y los razonamientos periciales, detallando el trabajo arqueológico o de campo, los detalles de la exhumación, los trabajos de laboratorio, se describe el sexo, la estatura y otras características de los restos óseos, etc.

La preparación de un informe requiere varios meses, y la urgencia nunca debe perjudicar la calidad de un informe.

Los informes forenses deben incluir tablas y esquemas para presentar los datos antropométricos recolectados al examinar los restos.

Esta información sirve de apoyo a los puntos del informe que se refieren a la causa, al modo de muerte, la identidad de la víctima.

En definitiva, la familia debe ser informada por el perito directamente, no se debe permitir que conozca las conclusiones de segunda mano, en los tribunales.

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