Viernes, 20 de julio, 2018 | 9:04 pm

Educación Sexual



Ella tiene catorce años. No sabe qué es eso de herpes genital, sífilis o gonorrea.  En estos momentos su única certeza es que en marzo tendrá a su hijo.  Vive en unos de los barrios más vulnerables de Sabana Perdida y cada mes viene a la Maternidad San Lorenzo en Los Minas.

Ella no sabe qué es eso de Virus de Papiloma Humano, clamidia o tricomoniasis.  Tampoco supo cómo cuidarse para no quedar embarazada justo la primera vez que tuvo relaciones sexuales con su novio de 18.

Ella no vive en ningún sector del polígono central, no (en esos donde el Poder económico y político, toma las grandes decisiones) ni va a la gran parroquia tal o cual o a la gran iglesia protestante donde se diezman millones cada domingo, no.  Ella vive en un barrio donde las calles son de tierra y usted que lee este artículo ahora no se imagina que existe.   Pero ella tiene derecho a una educación integral en sexualidad que le garantice tomar la mejor decisión.

Me encantó leer la  opinión de varios jóvenes estudiantes del bachillerato sobre la necesidad de la educación sexual en las escuelas “sin tabúes, con sentido crítico y bien enfocados en lo que persiguen, el grupo de estudiantes coincidió a una sola voz en que es urgente el que se imparta la materia de Educación Sexual en las escuelas y colegios”, así comienza la información que firma la periodista Janet Feliz y que publicó este periódico el pasado día 11  http://bit.ly/2DjAgdO.

Los jóvenes hablaron de “la dejadez y el desinterés que detectan en algunos maestros a la hora de dar clases”; hablaron del desconocimiento y el prejuicio de los padres. Ellos, jóvenes estudiantes, pidieron profesores con “profesionalidad, calidad humana, ser comprensivo y amigo, alguien que les gustaría los formase”.

Me encantó leer a estos jóvenes porque sus voces gritan por cambios, estos jóvenes de escuelas de barrios vulnerables -y no del polígono central de Santo Domingo-  saben mucho mejor qué pasa en su barrio que otra persona que sólo toma posiciones conservadoras por cobardía o por intereses políticos.

El Ministerio de Educación y el Congreso Nacional deben escuchar las voces de estos jóvenes que representan a los miles y miles de estudiantes de escuelas públicas y privadas.  Ambas instituciones deben tener una visión menos adultocéntrica y tener en cuenta qué dicen sus jóvenes en las aulas y actuar en consecuencia.

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