Martes, 22 de enero, 2019 | 6:32 pm

Educación, cultura y religión



En las escuelas se enseña el idioma español, no porque sea el mejor, sino porque a través de la historia se ha constituido en parte de nuestra cultura.

Así mismo a nuestros niños se les enseña el himno nacional dominicano, y a honrar nuestra bandera, pues forman parte de nuestra identidad como nación.

Es cierto que somos un Estado laico, en el sentido de que el gobierno no está subordinado a la religión. Pero también es cierto que nuestro país fue creado sobre valores cristianos, y que dentro del respeto a la libertad de cultos, nuestra religión oficial es la cristiana.

La religión, como el idioma, la historia, los bailes, el deporte, incluso la comida, forman parte de la identidad de los pueblos, y constituyen elementos de cohesión de las naciones.

Negar esa realidad equivale a debilitar los lazos que nos unen, socavando nuestra identidad, y debilitando nuestra nación.

Que se nos enseñe español como lengua oficial no nos prohíbe aprender otros idiomas; que se nos imparta historia dominicana no nos invita a desconocer la historia de otros países; ni el hecho de respetar nuestros símbolos patrios nos da la potestad de pisotear los ajenos.

Todo lo contrario, conociendo nuestra cultura respetamos y comprendemos mejor las demás culturas.

La dimensión espiritual del ser humano es innegable, tan antigua como la humanidad misma. Ignorar eso en las escuelas, equivale a despojar a nuestros jóvenes de una parte esencial de su condición humana.

Lo que se debe cuidar es la forma. Educar en valores cristianos, sin desprecio hacia las demás concepciones religiosas, y dentro de un ambiente de libertad. Enseñar el cristianismo con amor y con respeto, tal como lo hacía Jesús.

“Dios, Patria y Libertad” es el lema de la República Dominicana. La Biblia abierta en nuestro escudo es un símbolo ineludible de la importancia de los valores cristianos en nuestra concepción como Estado libre e independiente. Atentar contra los valores históricos, culturales y religiosos, es atentar contra la esencia misma de nuestro país.

A nadie se le va a perseguir porque enseñe a sus hijos otra religión, incluso porque diga a sus hijos que Dios no existe. Pero seamos sensatos: conocer los valores espirituales que constituyen la esencia cultural de un pueblo, y los pilares sobre los cuales se funda una nación, es también un derecho.

Las leyes de los países no son universales, sino que se hacen respondiendo a la idiosincrasia y cultura propias de cada pueblo. Por respetar los derechos de las minorías no podemos maltratar el derecho de las mayorías. Este es un pueblo mayoritariamente cristiano, donde se respeta la diversidad religiosa, pero donde también debemos reafirmar nuestra identidad espiritual.

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