Duarte en la Restauración, antecedentes (I)



El próximo 16 de agosto conmemoramos el 154 aniversario del inicio de la guerra restauradora, magna efeméride que deberá ser siempre recordada por todos los buenos dominicanos y dominicanas ya que en ella, convocados bajo el célebre grito del Cerro de Capotillo, el invencible arrojo de nuestros patriotas-desafiando el poderío del soberbio imperio español- se dispuso a  reconquistar nuestra mancillada soberanía, entregada de forma inconsulta por el caudillo Pedro Santana en imperdonable claudicación demostrativa de su falta de fe en la viabilidad de nuestra autodeterminación.

Duarte había sido desterrado a perpetuidad de la República por Resolución de La Junta Central Gubernativa, ya controlada por Pedro Santana y la élite conservadora dominicana, del 22 de Agosto de 1844, so pena de que si osaba regresar a la patria sufriría condena de muerteaunque preciso es acotar que la primigenia intención de Santana era la de su fusilamiento, fatídica determinación, que puedo ser conmutada por  la expatriación gracias a la oportuna intervención del acaudalado propietario de ascendencia Judía Abraham Coen.

De tal magnitud fue la saña Santanista y del liderato más conservador de la época contra Duarte y su familia, que ni siquiera la anciana madre del Patricio pudo escapar a sus siniestros designios. Como se sabe, esta fue desterrada en fecha 3 de Marzo de 1845.

No han faltado historiadores y estudiosos de su vida y de su obra que sin una verdadera apreciación de contexto, juzgan acto de debilidad del  carácter el que Duarte no regresara a la patria, contrario a sus compañeros Sánchez y Mella, toda vez que el 26 de Septiembre de 1848 el Presidente Jimenes había decretado una amnistía general que le favorecía junto a  Pérez, Pina y otros destacados patricios.

No deja de ser sugerente a este respecto  la importante acotación de Don Emilio Rodríguez Demorizi: “Duarte se negó a volver a su país, gobernado por sus enemigos políticos”, afirmación que tiene completo asidero, si consideramos que Manuel Jimenes fue de los firmantes de la resolución infame que lo extrañó  de la patria por el fundada, por lo que cabe colegir: ¿Qué confianza podía merecerle a  Duarte aquella decisión propiciada por sus enemigos políticos?

Entre las plumas más brillantes que han juzgado con extraña ligereza el proceder de Duarte en las circunstancias expuestas  cabe citar, por ejemplo, a Don Américo Lugo. A este respecto expresó aquel insigne apóstol del civismo y la dignidad nacional:

Juan Pablo Duarte es el fundador de la Trinitaria. Sánchez es el independizador de la República, porque él realizó lo que Duarte habría realizado si a esta figura inmaculada no le faltara el don del heroísmo, esencial en todo libertador de pueblos…”.

En contraste con los apresurados enjuiciamientos de Don Américo, cabe citar la afirmación de Juan Bosch, quien al referirse a la proeza libertaria de Duarte, afirma:

“… Juan Pablo Duarte tuvo el coraje de creer que en un territorio pequeño, deshabitado e incomunicado interior y exteriormente podía establecerse una república. Para creer eso era necesario tener una fe inconmovible en la capacidad de lucha del pueblo dominicano, y Duarte la tuvo”.

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