Discursos verdes contradictorios



El verde es un color cargado de significados. Es el color de la vegetación, está asociado con la fertilidad, simboliza la esperanza, la ideología de un pensamiento y un mundo más verdes.

Está ligado a la tranquilidad, la armonía y lo agradable. Lo natural y saludable es verde.

Quiero entender los discursos verdes contradictorios.

El Presidente de la República se identifica con las demandas de la marcha verde, pero muchos de sus funcionarios, miembros de su partido y comunicadores odian el movimiento verde como el diablo a la cruz, deseándole toda suerte de fracaso.

¿Es que, contrario a como piensa Danilo Medina, se desea una opinión pública hipotecada por relaciones de poder que excluyan reclamos legítimos y discusiones fecundas? ¿No produce el movimiento verde por el fin de la impunidad opiniones de calidad, presiones para una democracia verdadera basadas en gestiones gubernamentales íntegras? ¿Se predica la democracia solo para influir en los electores?

¿Se quiere una ciudadanía silente, ociosa y compuesta por espacios públicos políticos atados, no autónomos?, o, por el contrario, ¿se quiere una democracia efectiva, de ejercicio de soberanía del pueblo permanentemente?

Si el ejercicio de los derechos ciudadanos en democracia, por la oprobiosa estructura de corrupción ligada al soborno es visto como una amenaza para la sostenibilidad del gobierno, ¿de qué manera se podrá realizar la democracia y su correlato del estado de derecho?

Los resabios de algunos agentes del gobierno y aliados ¿no serán una manifestación de lo que dice Isaías (1:23): “Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones; cada uno ama el soborno y corre tras las dádivas. No defienden al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda”?

Si quienes deben defender la justeza de las demandas verdes se declaran en su contra, ¿no están siendo como los principales sacerdotes y gobernantes que entregaron a Jesús a sentencia de muerte y le crucificaron (Lucas 24:20)?

Creo que Danilo ha hecho esfuerzos notables para que tengamos esperanza, pero hay señales confusas frente al escándalo Odebrecht.

Solo él puede aclararlas con la misma firmeza con la que ha actuado en oportunidades que han requerido de su innegable liderazgo y ahora ameritan su atención, sin paños tibios ni miramientos.

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