Diputados y senadores “bondadosos”



Es probable que Elpidio Báez (sí, el mismo que usted está pensando) sea uno de los diputados menos hipócritas. Sin tapujo alguno, protestó abiertamente ante la propuesta de limitar el valor de las dos exoneraciones que tiene cada legislador.

Un privilegio aprobado por ellos mismos, en violación al principio de que nadie podrá legislar en su propio beneficio.

Pero Elpidio no es el único disgustado. Hay otros legisladores que también protestaron por el tope de US$100,000 (igual a RD$4,780,000) que el Poder Ejecutivo puso en el Presupuesto General del Estado a la exoneración para la importación de vehículos a los congresistas. Consideran que se les quieren limitar “derechos adquiridos”.

¡Qué bárbaros!

Actualmente tienen “derecho” a dos exoneraciones sin límite alguno. Desde luego, como dijo el reformista Pedro Botello, son para venderlas, pues después de todo “¿qué puede hacer uno con esas exoneraciones que no sea venderlas?”.

Si no pregúntele al impoluto Reinaldo Pared o al pobre Julio César Valentín.

Las exoneraciones de vehículos para los 222 legisladores le cuestan al Estado más de 1,800 millones de pesos.

Ante la escasez de recursos, el Poder Ejecutivo propone que a cada legislador se le permita traer exonerados dos vehículos en cuatro años por un valor de 9.5 millones de pesos, lo cual sería igual un privilegio irritante y sin ninguna justificación.

Vale destacar que el único diputado que ha renunciado a este privilegio ha sido Fidelio Despradel, de Alianza País. Y también hay que decir que hay un puñado de hombres y mujeres a quienes estoy seguro no les mueve el interés de una exoneración u otro privilegio semejante, (entre estos podemos citar a Faride Raful, del PRM; Gustavo Sánchez, del PLD, y Fidel Santana, del Frente Amplio). Pienso que estos no van a protestar si les limitan o les quitan ese privilegio, al contrario.

Pues bien, ante la propuesta del Ejecutivo y el tsunami de críticas, resulta que ahora también varios diputados y senadores oficialistas están dispuestos a sacrificarse y apoyan que se eliminen las exoneraciones, pero a cambio, piden que se les asigne un vehículo como a otros funcionarios públicos.

Para ellos “da lo mismo atrás que en la espalda”. De repente son generosos y bondadosos… con lo ajeno.

Pienso que mientras un maestro con más de 20 años impartiendo docencia tenga que coger diariamente un carrito de concho y en muchos casos caminar varios kilómetros para llegar a su escuela; mientras un oficial de la Policía tenga que pedir bolas o mendigar para la gasolina, y un médico tenga que dedicarse al pluriempleo para poder comprar un carrito decente, no se justifica dar ninguna exoneración a gente que gana al mes cientos de miles de pesos.

La verdad es que si un diputado, ganando más de 300 mil pesos al mes, o un senador que recibe hasta un millón de pesos cada 30 días necesita ayuda para adquirir un vehículo, entonces estamos ante un mal administrador, un cretino, un derrochador, o las tres cosas a la vez.

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