Dictadura de lo igual y terrorismo



Apoyado en la visión crítica del pensamiento y de la sociedad que enarboló la llamada Escuela de Fráncfort (o Frankfurt), que inspirados en Marx, Hegel, Freud y Weber fundaron pensadores como Lukács, Benjamin, Lowental, Pollock, Weil, Fromm, Horkheimer, Adorno y Marcuse, a partir de la creación en 1924 del Instituto de Investigaciones Sociales en la Universidad de Frankfurt am Maim, este último filósofo, exiliado en Estados Unidos, publica en 1964 su afamado libro “El hombre unidimensional”.

Desde esa corriente crítica, que insufló, en base a una relectura de la dialéctica de Hegel, el culturalismohumanista freudiano y el racionalismo de Weber, nuevos aires libertarios a un marxismo que había sido reducido al dogmatismo, la doxa y el totalitarismo de Estado, Marcuse emprende un cuestionamiento al capitalismo industrializado norteamericano y el consumismo como única dimensión de la vida.

La ilusión del bienestar individual limitaba la potencia del ser humano a la esfera de la mercancía. De modo que aspectos esenciales en la vida del sujeto como el arte, los valores, el pensamiento y la sexualidad se banalizaban.
El individualismo narcisista, pivote en la dilución de solidaridad como elemento de cohesión social, convertía el sujeto en objeto económico, cuando no de producción o de consumo, entonces de placer genital.

Son la cuantificación como método de pensamiento y la cosificación en mercancía como estilo de vida los que hacen unidimensional al ser, reduciéndolo a maquinaria de rendimiento laboral y haciendo del trabajo, antes que un recurso de emancipación, un mecanismo de nueva esclavitud y explotación.

Marcuse generó este pensamiento en un contexto de guerra fría, con ideas que, junto a las de la obra “Mínima moralia de adorno” (1951), hicieron de bujía o chispa incendiaria de las revueltas estudiantiles y juveniles de los años 60, creando la ilusión de que no serían los obreros, sino los jóvenes y estudiantes, los nuevos sujetos de la revolución.

En la línea de reflexión de Byung-Chul Han (2017), que se fundamenta, entre otros pensadores, en una relectura crítica de Hegel, Marx, Nietzsche, Freud, Heidegger, Foucault y Baudrillard, el giro digital en la comunicación y la revolución tecnológica han transformado aquel escenario, convertido ahora en neoliberalismo económico y jurídico-político, que ha desplazado la explotación convencional por la autoexplotación, la depresión y la ciberadicción,para facturar un sujeto unidimensionado en el rendimiento laboral, con racionalidad contenida en el cálculo y el dato, espíritu con síntoma de “burnout” y sexualidad e identidad atrapadas en lahiperexposición hedonista y porno.

Es el sujeto “transido” de Andrés Merejo (2017).

Esa unidimensionalidadde Marcuse como visión del ser humano da lugar a lo que AmartyaSen (2015) denomina singularismoidentitario, que, en función del sentimiento de supremacía (étnica, social, religiosa) o de particularismo crea una falsa ilusión de un destino superador de los males del presente, pudiendo llegar, por afán disgregador, a matar desenfrenadamente.

Para Han, al negar la existencia del otro damos paso al infierno de lo igual; al expulsar lo distinto, además de mutilar la alteridad, de amputar la dinámica con el otro, también ponemos en marcha la autodestrucción. La acumulación de lo igual, lo unidimensional, lo singular es socialmente cancerígeno.

Vivimos bajo el terror dictatorial de lo igual y la purga constante de lo distinto, pluridimensional, polisémico. No es choque de civilizaciones. El infierno global de lo igual genera una contrafuerza destructiva.

“El terrorismo es el terror del singular enfrentándose al terror de lo global”, afirma Han. Más que fanatismo religioso, el terrorismo es la resistencia del singularismoidentitario ante el poder violento de lo global neoliberal, donde libertad equivale a mera propaganda y vacía autenticidad.

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