“Día por día”

Por: José Báez Guerrero

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11 enero, 2017 12:02 am

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero


Las ciudades con riberas marinas o fluviales cuyos munícipes poseen conciencia otorgan a sus espacios frente al agua la mayor importancia. Los mejores parques, residencias o edificios comerciales, compiten por lograr algún espacio en la costa. Pero aquí –como con tantas otras cosas— ¡es al revés!

El Malecón es una ruina que los cabalosos dicen que azara: hasta al Vesuvio se llevó. Y ya resulta muy vergonzoso el asunto inacabable del saneamiento de los ríos Ozama, Isabela y Haina, que delimitan al Gran Santo Domingo. Quizás este sea el gobierno que más ha hecho en ese sentido, al rescatar un barrio entero como La Barquita y reconstruirlo con criterios urbanísticos.

Pero el mal que aflige las riberas y los cauces es mayor que simplemente ecológico o ambiental; no es sólo la contaminación.

Es la ausencia del imperio de la ley, desde inexistencia de propiedad privada legal hasta violación impune de casi todas las leyes y ordenanzas sobre construcción, vecindad, ornato y salubridad. Algo tan complejo podría arreglarse simplemente imponiendo la ley.

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