Miércoles, 15 de agosto, 2018 | 1:09 pm

Curiosidad



No es más sabio el que más sabe, sino el que más aprende. Creo que la curiosidad está en sus horas más bajas. El bombardeo de información y la sobreestimulación, unidas a una generación de padres “resuelve todo”, están haciendo que los jóvenes observen el mundo en modo espera.

Ya no miramos a nuestro alrededor con deseos de descubrir, de preguntarnos el porqué de las cosas o de ir más allá de lo obvio, para eso está Google.

La imaginación ha quedado atrapada en una pantalla y casi no puede volar. Y el cerebro se está acostumbrando a recibir en vez de a buscar, a ver la realidad de manera virtual en vez de real.

Definitivamente, la curiosidad necesita aire fresco para vivir.

Mientras pienso en esto me encuentro con un término que llama mi atención: la generación “in door”. Los niños están creciendo entre cuatro paredes y, sin entrar en cómo esto se traduce en alergías o problemas respiratorios, me invade una profunda claustrofobia.

Esa generación se acomoda a un espacio cerrado lleno de aparatos electrónicos que les conectan con el exterior. Entonces, me pregunto: ¿es desde ahí que aprenden sobre libertad, sociabilidad, amor, amistad…? ¿Es ahí que la curiosidad va a desarrollarse? Volvemos al modo espera.

Esperan que todo les llegue, se creen merecedores de ello porque así se lo estamos transmitiendo.

Vamos a abrir su mente, a dejar que la imaginación se desarrolle, a que aprendan sintiendo y probando y sobre todo a que salgan al mundo, por muy agresivo que este sea van a adquirir la capacidad de respuesta, adaptación, crecimiento…

Cuatro paredes no solo ahogan, coartan. Una pantalla puede dar respuestas, pero no promueve hacer preguntas. Dejemos que la curiosidad tome las riendas y veremos una generación mucho, mucho más feliz y preparada.

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