Curioseando en la historia



 

Hubo en el siglo diecinueve un político llamado Buenaventura Báez. Hábil, intelectualmente preparado, con un apego obsesivo al poder, siempre decía que no quería ejercerlo pero se presentaba como un instrumento del destino y sus seguidores decían que Báez era una necesidad nacional.

Reeleccionista. Implantó el record de haber ejercido la presidencia de la República en cinco ocasiones. Acaudillaba un partido que tenía una bandera colorada como emblema, bajo uno de sus mandatos, el de los seis años, ese partido organizó una banda colorá, con personajes como los apodados Baúl, Solito, Ventana, Pijilito, Mandé, redomados criminales que sembraban el terror entre los pacíficos ciudadanos de la región sur. Esa banda operaba en también en la Capital, bajo las órdenes de un semibárbaro del este llamado Pedro Guillermo.

El presidente Báez decía ignorar la existencia de esa banda, y cuando no podía negar su existencia decía que esas eran fuerzas incontrolables.

Aún así, Báez siempre conservó su liderazgo y su influencia, era un truchimán habilidoso.

Así mientras los restauradores peleaban contra los ocupantes españoles, Báez vivía en Madrid como Mariscal de Campo al servicio de España, matriculado como ciudadano español, por supuesto.

Mes y medio antes de las tropas españolas salir derrotadas, se recordó que era dominicano, renunció al cargo y a la ciudadanía española y al final de la guerra en 1865, vino a ocupar cómodamente la presidencia escamoteándole el poder a quienes se habían batido contra España. Era civil pero mandaba a los grandes generales de su tiempo. La persecución, la cárcel, el destierro y los pelotones de fusilamiento fueron sus recursos por excelencia. También hacía sus plebiscitos y sus elecciones. Siempre salía ganando.

Soltero empedernido, pero dejó hijos por donde quiera. Murió ciego el cuatro de marzo de 1884.

Había también en ese entonces un partido Azul, de prédica nacionalista y liberal.

Ese partido después de perder la jefatura de su fundador, el general Gregorio Luperón, y bajo el control absoluto de un taimado caudillo apodado Lilís, recogió la herencia conservadora de Báez.

Lilís se volvió un tirano y, relegado Luperón, muchos de sus discípulos degeneraron el antiguo partido Azul de prédica progresista y moralista y así las consecuencias las pagaron los dominicanos con sangre, sudor y lágrimas.
Diga usted si esta historia no hace pensar en personajes, partidos y sucesos de los tiempos presentes. Sea usted el jurado.

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