Miércoles, 16 de enero, 2019 | 12:40 am

Cuenta regresiva



Ala mayoría de las personas, cuando escucha las frases “pasar balance”, “hacer inventario” o “en la cuenta regresiva”, piensan en las cosas que han logrado o las que han acumulado, los sueños cumplidos y las metas que entienden lograrán tachar de su listado de cosas por hacer o lograr… acción que identifica los finales de cada año.

Cada 365 días nos obligamos a repasar lo vivido y logrado; mientras que al inicio de cada calendario nos planteamos el reto de lo nuevo y por lograr. Si bien es cierto que hacer este tipo de evaluación y programación ya es muy común y nos ayuda a mantenernos enfocados, crecer y lograr cosas, no menos cierto es que una de las actividades que menos hacemos es inventariar nuestras facultades y emociones.

Poco tiempo dedicamos a inventariar los activos que conforman nuestra existencia particular. Les propongo que, al igual que dedican horas y días a hacer el mapa de 2019, dediquen un momento para reflexionar acerca de su esencia, su riqueza espiritual, y el poder que pueden tener si deciden utilizarla.

Es el balance a esa riqueza espiritual lo que nos puede proporcionar infinitos bienes, como paz, armonía, amor, fortaleza y voluntad. También elabore una lista de otros activos intangibles, como la autonomía, la libertad, el conocimiento, la inteligencia, las experiencias, las expresiones creativas y el entusiasmo.

Por supuesto, que también deben sumar su salud integral, sus relaciones familiares y de amistad. Además, no deben olvidar que los principios y valores también son muy valiosos.

Por tanto, resulta importante contar con destrezas en la sensibilidad, aceptación, bondad, solidaridad, responsabilidad social y cualquier actitud y aptitud que demuestre la sana estima que tenemos por nosotros mismos, en fin, todo lo que nos hace dar y recibir amor… ese amor que tanto asociamos a la felicidad.

En conclusión, dediquemos un espacio a inventariar esa fortuna que nos hace verdaderamente ricos. Pasemos balance a los abrazos que dimos y recibimos; a las risas y locuras que compartimos; los “te quiero” y “te amo” que tuvimos la dicha de dar y recibir; el tiempo de calidad y los brindis con nuestros seres queridos… esas maravillosas cosas que, inevitablemente, dan alegría a nuestros días.

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