Miércoles, 14 de noviembre, 2018 | 8:49 am

Cuando la mujer es culpable de su asesinato



“La maté porque era mía” esta frase de Juan Pablo Castel me persigue. Este hombre, celoso y violento, es el personaje protagónico de la novela “El Túnel” de Ernesto Sábato. Cuando la leí era yo una adolescente recién salida del bachillerato que no conocía de la violencia hacia las mujeres. Nunca la he olvidado.

Este libro escrito en 1948 describe a un feminicida de hoy día.  Como lo hizo Shakespeare en Otelo, por ejemplo, en 1603.

Crecí en un hogar donde se escuchaba mucha “música de ante” y había un merengue que tampoco nunca he olvidado.  Lo cantaba Joseíto Mateo “he matado a mi negra, que soy un criminal, que llamen la patrulla que me quiero entregar, como la quería como la adoraba, ahora sin su amor, ahora no soy nada…”

“La humanidad es la especie más estúpida: es la única donde los machos matan a sus hembras” dijo alguna vez la antropóloga francesa Françoise Heritier. Y con toda razón.

Justificando al hombre violento.  ¿De dónde surge la violencia contra la mujer? La violencia contra la mujer está fuertemente anclada en el patriarcado, ese sistema de subordinación de la mujer ante el hombre y que ha sido validado a través del tiempo apoyado en estereotipos y prejuicios que validan la violencia contra la mujer; que permean las culturas.

Estereotipos y prejuicios que vemos en grandes titulares y en los cuerpos de noticias en los medios de comunicación; estereotipos que modelan lo que “debe ser” una relación entre un hombre y una mujer y que también aúpan relaciones entre hombres y mujeres desiguales, nada respetuosas y donde la solidaridad no existe.

Estereotipos y prejuicios que culpan a la misma mujer de lo que le pasó “algo hizo ella para que él le hiciera eso”; “ella se lo buscó” “si ella no…él no…..”  frases lapidarias que matan a la mujer una segunda vez. Y la culpan de su muerte justificando al agresor.

El patriarcado ha sido el motor histórico del machismo y de algunos privilegios que sólo disfruta el hombre, mientras que el machismo está compuesto por las creencias, sesgos cognitivos y actitudes que predisponen a las personas a actuar como si la mujer tuviese menos valor que el hombre.

Todo esto revela que para disminuir al mínimo el número de feminicidios, hasta desaparecerlos, hay que trabajar en la educación y en la concienciación de las personas.   Las mujeres que venimos enfrentando la culpa (desde la bíblica Eva) y todas las desventajas que nos cuenta la historia, tenemos que seguir luchando por nuestros derechos y sobre todos, el derecho a la vida, es el primero.

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