Domingo, 11 de noviembre, 2018 | 8:43 pm

Creencias limitantes



Por Lily Montaño

Hoy abro un nuevo espacio para expresar mis ideas. Llena de emociones y también de expectativas. En estos 14 años de vida periodística, aunque creo que desde niña lo he sido, mi labor se ha enfocado en dar voz a los sectores con limitaciones de orden económico, físico o de alguna manera a ciudadanos discriminados o excluidos, otro tanto a personas muy conocidas que tienen una visión de la vida que merece ser compartida. En fin, me he resguardado que no gire la conversación acerca de mí. Entendiendo que el comunicador debe también ofrecer ese valor agregado que le da la experiencia de estar cerca de los hechos, de las historias, de las vivencias, del corazón de cada ser humano, es que me aventuro a abrir esta ventana.

Aventura, ¿por qué? Cada vez que damos un paso hacia la evolución, hacia lo no conocido, nos preguntamos si somos capaces, es una pregunta que al menos me he hecho al dar un nuevo paso fuera de mi zona de confort.

El entorno te dice “¿y cómo es eso?” Otras tantas digo, “¿y si no funciona?”, “¿Qué dirá tal o cual persona?”, “¿Y no costará mucho?”. Hay algo más dentro de esa conversación interna, el no sentirse merecedor, “¿de verdad lo crees así?”, “¿En serio, te gustó? Creo que si hubiera hecho esto o aquello, hubiera quedado mejor”, en fin, expresiones que disminuyen nuestro poder, el recibir los regalos que nos ofrece la vida y la posibilidad de dar el salto hacia el logro de nuestros sueños.

Dentro de ese mundo de sueños, de posibilidades, no hay un valor económico cuando estamos en ese estado, no hay imposibles. ¿Cómo reconoces eso que te hace palpitar el alma? Cada cual tendrá su forma particular, pero sin dudas, hay señales claras, lo que te causa tanto placer que lo harías sin paga, el sentir tu creatividad a más del cien por ciento cada vez que inicias un nuevo proyecto y que no te importe lo que otros piensen u opinen cada vez que lo haces.

Aprendí a leer a muy corta edad, fui promovida al siguiente nivel a mitad del primer curso, proceso que llevó mi adaptación a un grupo de mayor edad. Recuerdo hacer composiciones sobre los temas asignados por mis profesores con tanta facilidad, además de recitarlos; en la intermedia me convertí en la vocera del curso, por la facilidad de dicción; en bachillerato, dirigí el mural del colegio, como si fuera la redacción de un periódico y aunque al terminar mi educación básica, mis padres decidieron que hiciera una carrera técnica, por la creencia de que la comunicación “no deja dinero”, al terminarla entré a estudiar la profesión que siempre quise y soñé.

Hoy puedo decir que siempre tendrás voces disidentes, otras tantas que te apoyarán y te sostendrán, pero lo verdaderamente importante es que no pierdas nunca la tuya.

Lily Montaño

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