Miércoles, 21 de noviembre, 2018 | 10:44 pm

Creen que sin el denodado sacrificio de nuestros “representantes” ¿sobrevivíamos?



Porque:… “No hay ninguna cosa tan

Escondida, que no sea sabida”

 

El pueblo no es nunca culpable

De una gran revolución; lo es

El gobierno.

JW Goethe.-

Estoy en demasía preocupado. He notado que en los últimos tiempos han crecido de manera exponencial las quejas contra la labor que llevan a cabo nuestros “honorables”, incluyendo a los diferentes síndicos del país, lo que me llena de pavor debido a que quizás muchos de los que protestan por este proceder individualista, goloso y pérfido en ocasiones de estos señores, no se han detenido a pensar qué pasaría con este pueblo si nuestros “representantes” y síndicos,  presentaran una renuncia colectiva ante la actitud mal agradecida de este pueblo, entonces, ¿Quién nos defenderá?

¿Quién se sacrificará como ellos para llevarles mochilas a los pobres niños en nuestros barrios y pueblos alejados, aún y los haya pagado el gobierno y “ellos” le hayan puesto un parche encima para poner su “digno” nombre o el de su Fundación? ¿Han pensado esas voces críticas, quien llevará canastillas a las embarazadas, principalmente en tiempos de campaña y “cajitas” para que celebren su Navidad, aún y sea con el mismo dinero del pueblo, del cual disponen a su antojo y sin control alguno? Digan, ¿quién? ¡Nadie! Sólo nuestros esforzados “representantes” hacen tal sacrificio.

Quien va a engavetar proyectos de leyes que puedan de alguna manera afectar los intereses de nuestros “leales” representantes,¡nadie! ¿Quién dará por no recibido alguna queja o querella en contra de un “elegido” por el pueblo para ocupar una posición y que haya cometido hechos de fechorías o “indelicadezas” y que por demás asegure una inmunidad y blindaje que le permita continuar en lo mismo? ¡Nadie!

Por eso tenemos que ser sumisos, no criticar sus actuaciones dolosas y mucho menos, los escándalos de corrupción que provengan de algún “compañerito” y, mucho menos, si es miembro del partido y peor aún, de algún comité elitista, corrupto o no, prepotente o no, debido a que no se puede pretender que quieran al pueblo, como escribió el poeta; “Con conciencia y corazón”. Tenemos que conformarnos y es mucho, que nos adoren con y por sus intereses, que al final es lo que cuenta.

Y es que, el esfuerzo es tal y la inmensidad del sacrificio, que una vez llegan a ser elegidos, tratan de serlo por siempre, todo para asegurarse que este pueblo viva con leyes actualizadas, justas y mejor supervisadas, sin hablar de sus desvelos por engrandecer nuestra Carta Magna.

En realidad somos ingratos y siquiera hemos valorado qué sería de nosotros sin el desinterés personal de nuestros queridos y admirados “representantes”. Por esas ingratitudes nuestras, es que “ellos” se han visto precisados a elaborar leyes que nos tapen la boca, para que no hablemos sobre “nuestras ingratitudes”, sin querer reconocer que cuando nuestros “honorables” luchan por sí mismos, lo hacen también por nosotros, por gente que quizás ni conozcan y lo único que han hecho por ellos, es darle un miserable voto para que puedan llevar a cabo sus sueños de grandezas y de servicio hacia “los más necesitados”.

¿Somos ingratos? ¿Tendremos que  cambiar el concepto que tenemos sobre el trabajo y la conducta cívica de  estos abnegados “elegidos”, “Solidarios”, que lo dan todo por los pobres de este país y que mantienen una incansable campaña por el respeto a las leyes y, principalmente, a la Constitución de la República? ¿Cinismo? No sé, quizás, solo quizás. ¡Sí señor!

 

 

 

 

Rafael Ramírez Ferreira

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