Viernes, 21 de septiembre, 2018 | 11:08 pm

Contraste entre doxa y academicismo político en el país



El cualquier escenario de socialización, en los diferentes estratos de la sociedad dominicana, pero especialmente en los medios de comunicación, resulta común la aparición de “expertos” que opinan de todo acerca de una disciplina tan compleja como la política.

Muchos construyen y reconstruyen escenarios electorales, y hasta llegan a predecir acontecimientos políticos, simulando el enfoque sistémico de la ciencia política del canadiense David Easton.

Sin embargo, a la hora de analizar los artículos y los comentarios en radio y televisión, hay que arribar a la conclusión de que se trata de doxa común, es decir, simples opiniones sin fundamentación y que, casi siempre, responden a intereses grupales o particulares.

Existe un marcado contraste entre ese tipo de opinión y el análisis político bien argumentado. Una revisión de la literatura académica muestra claramente un déficit respecto a investigaciones en la ciencia política.

Resulta esto contraproducente porque en un mundo globalizado e interdependiente, como el actual, se requiere de sociedades que sean capaces de aprender y generar conocimiento, visto este como un componente económico indispensable para avanzar hacia el desarrollo humano sostenible.

Según Carlos Alberto Torres y Raymond Morrow en la obra “Estado, globalización y política educacional”, la investigación es clave en la generación de conocimientos para una economía global.

Mientras que María Barceló Llauger, en su trabajo “Hacia una economía del conocimiento” señala que “la aparición del conocimiento, como nuevo factor de producción, obliga a replantearse algunos conceptos y modelos de gestión, y en esta búsqueda de respuestas para comprender y afrontar estos cambios aparece la gestión del conocimiento.

Aquí hay que considerar que la mayoría de hacedores de opinión pública en el país está muy alejada de esa realidad.

La República Dominicana, exageradamente politizada, se ve ante el desafío de mejorar la generación de conocimientos a través del fomento de las investigaciones en diferentes áreas del saber, entre ellas la ciencia política.

En contraste con el reducido nivel de producción científica, las opiniones acerca de la actividad política de las agrupaciones son numerosas a través de diferentes vías, sobre todo en los medios de comunicación. Politólogos, sociólogos y profesionales de otras disciplinas de las ciencias sociales, así como dirigentes de agrupaciones políticas, con personería jurídica o sin ella, y hasta el “chiripero”, expresan libremente sus ideas.

Esto podría explicarse en el hecho de que la República Dominicana figura a la cabeza, solamente detrás de México, entre las sociedades más politizadas de toda América Latina.

A partir del advenimiento democrático, en 1962, esa politización no tiene nada de novedoso. Ya en 2005, el informe de Latinobarómetro establecía que “en la República Dominicana, el 39 por ciento de la población adulta habla frecuentemente o muy frecuentemente de política, cuando el promedio de América Latina es de 27 por ciento”.

Otros datos que arrojaba el referido informe es que el 33 por ciento trata de convencer a otras personas en cuestiones relacionadas con actividades partidarias, siendo la media de la región de apenas el 7 por ciento.

La cuestión es que hay que avanzar para cambiar de una doxa común a una mejor argumentada sobre la ciencia política.

Naturalmente, el escritor catalán Josep Pla había advertido que “opinar es más fácil que describir, infinitamente más”.

Luis García

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