Como el árbol



Una semilla cae en la tierra, y al principio es tan pequeñita que casi nadie la ve, pero cuando crece, las aves anidan en sus ramas, y los animales más grandes se pueden cobijar bajo su sombra.

Así mismo es que surgen las grandes transformaciones sociales. Lo que pasa es que luego solo se ve el árbol, y se olvida la semilla.

Una de las maravillas del movimiento verde, es que nos ha permitido entender que la solución a nuestros problemas particulares se logra desde una lucha colectiva. Nos ha hecho dejar a un lado el yo, para ser nosotros.

Los dominicanos y dominicanas hemos puesto a un lado nuestras inmensas diferencias, para concentrarnos en aquellas cosas que nos unen a todos (o al menos a la inmensa mayoría). Algo casi milagroso.

Esa unidad es la real fuerza de Marcha Verde. La unidad en la diversidad. Hemos aceptado estar de acuerdo en que no vamos a estar de acuerdo en muchas cosas, pero que si podemos estar de acuerdo en algunas.

Sin duda, hay muchos intereses de que esa unidad se desvanezca. Los mismos intereses que han perpetuado por décadas los males que ahora estamos combatiendo. No permitamos que nada ni nadie malogre esta hermosa lucha cívica, este bello proceso de transformación.

Recordemos algo, y no lo olvidemos jamás, esta lucha no es simplemente contra la corrupción, o contra Danilo o el PLD…

Es por nuestros derechos: por salud, seguridad ciudadana, empleos dignos, agua potable, educación, etc. Esta lucha no es por odio, es por amor; como dice el mandamiento divino, por amor a nuestro prójimo y a nosotros mismos.

Algún día, espero sea pronto, estaremos cobijándonos bajo la sombra de un inmenso árbol, ese que ahora estamos cuidando con esmero, y que vamos abonando con cada uno de nuestros pasos. Ese árbol, es el árbol de la libertad, en cuyas ramas sostenidas por el vigoroso tronco de la democracia, anidan cada uno de nuestros derechos.

Publicidad

Publicidad