Martes, 17 de julio, 2018 | 2:36 am

China, más de lo se conoce



La semana pasada regresé de un viaje histórico de nueve días a la República Popular China, como parte de una delegación de periodistas de alto nivel de la República Dominicana, acogiendo una invitación del gobierno de ese país; y llegué a la conclusión de que es muy reducida la mirada que se tiene de esas tierras desde la perspectiva de occidente.

Lo que vimos en ciudades como Beijing, Tianjin, Xiamen y Shanghai muestra que el sueño de la gran revitalización de la nación china avanza con pasos firmes mediante el desarrollo de un socialismo propio, que ha permitido alcanzar importantes éxitos en la reforma y la apertura y en la modernización del Estado.

Hoy en día, el desarrollo económico de China resulta indiscutible, destacándose por su velocidad, las mejoras sustanciales en el nivel vida de la población, el potencial comercial y los avances tecnológicos.

A través de ritmos anuales de crecimiento económico situados entre el 8 y el 10 por ciento, la República Popular China ha multiplicado significativamente su producto interno bruto (PIB) en las últimas cuatro décadas; de manera precisa, en 1978 el PIB ascendió a 215, 208 millones de dólares, representando el 2.3 % del mundial, y la renta per cápita apenas estaba en 217 dólares.

Mientras que para el año pasado, el PIB se situaba en 11.2 billones de dólares y el per cápita en 8, 123.18 dólares.

Esto hay que remontarlo a diciembre del año 1978, cuando el XI Congreso del Partido Comunista de China, liderado en ese entonces por Deng Xiaoping, adoptó la política de reforma económica y apertura al exterior.

Esta decisión fue crucial para entender el nivel de principalía que tiene el país euroasiático en la economía global.

Los chinos se esfuerzan en desarrollar el socialismo con sus propias peculiaridades, revitalizar la nación, la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada, llevar la reforma hasta el final, establecer un Estado de serecho socialista e implementar con firmeza la nueva concepción del desarrollo.

Además, orientar la nueva modalidad del desarrollo económico, ejecutar la política democrática socialista, mantener la convicción de su cultura, garantizar y mejorar las condiciones de vida de la población, abrir nuevas perspectivas para el fortalecimiento y vigorización del Ejército, persistir en la directriz de un país con dos sistemas, promover la reunificación de la patria, así como impulsar un tipo de diplomacia con peculiaridades chinas, entre otros aspectos.

Uno de los principales desafíos que China tiene por delante consiste en la intensificación de la batalla contra la pobreza en las zonas más carenciadas del vasto territorio.

Consciente de esa situación, el líder chino Xi Jinping, en un discurso pronunciado el 23 de junio de 2017, dijo: “Debemos construir un padrón de alivio de la pobreza a través de proyectos específicos, el desarrollo sectorial y fuerzas sociales, en el que las diversas medidas se combinan orgánicamente y se apoyan entre sí”.

El propósito de afrontar exitosamente esa problemática radica en lograr que los segmentos poblacionales más vulnerables puedan incorporarse al resto del país en el goce de una sociedad modestamente acomodada en todos los aspectos de la vida.

Definitivamente, la República Popular China es mucho más de lo que se aprecia desde la perspectiva occidental en los aspectos económico, social y cultural.

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