Sábado, 20 de octubre, 2018 | 3:50 pm

Bitcoin y sus implicaciones monetarias



Las tecnologías disruptivas han comenzado a producir cambios inesperados en los sistemas sociales y económicos del mundo.

Hasta ahora los cambios han sido lentos pero sin pausas.

Se vislumbra un futuro incierto y complejo, ya que los sistemas y las instituciones sociales no han sido capaces de dar respuesta a muchos problemas existentes y mucho menos a entender lo que podría ocurrir en el futuro inmediato.

La expresión de Marx, que señala que en el capitalismo “las fuerzas productivas cambian más rápido que las relaciones sociales de producción” es una verdad muy evidente en el momento que vive el capitalismo actual.

La irrupción de la robótica, la inteligencia artificial, la “uberización” del transporte, la revolución de las energías limpias y la virtualización de la sociedad, entre otros, han dado inicio a transformaciones y cambios en el paradigma capitalista dominante.

La virtualización del mundo, el mundo “matrixiano” que nos invade con la penetración y uso del bitcoin, es quizás una punta del “iceberg” cuya profundidad no acabamos de visualizarlo. Hay que aprender a “desaprender” y como decía el filósofo francés de origen argelino Jacques Derrida “hay que deconstruir las cosas”.

Los economistas tenemos que aprender a desaprender, y por consecuencia las políticas públicas económicas (monetaria, fiscales, entre otras) hay que “deconstruirlas” en un escenario disruptivo, prospectivo y complejo.

Con la irrupción del bitcoin se ha creado una alternativa digital al efectivo físico.

Los bitcoines son al mismo tiempo una moneda digital y un sistema de pago. Son de propiedad privada y se fundamentan en un código público, de libre acceso.

La posibilidad de emisión de un efectivo digital, unida a la preocupación por el aumento del mercado de las criptomonedas externas al sistema financiero formal, ha llevado a los bancos centrales a interesarse por este fenómeno y analizar escenarios de emisión de una criptomoneda propia.

Las implicaciones monetarias futuras podrían ser disruptivas, veamos: los “mineros”, aquellos que buscan bitcoin a través de equipos informáticos y que deben “cavar hondo” en el sistema hasta solucionar los problemas matemáticos de las transacciones son el verdadero “Banco Central” del bitcoin o de la monedas virtuales.

Todos estos movimientos quedan registrados en el “blockchain”, una suerte de libro público de contabilidad, por lo que con la irrupción de las monedas virtuales y su uso masivo los bancos centrales tendrán que crear sus propias monedas virtuales para competir o perderán parte del poder de emisión de dinero. El tiempo dirá.

Antonio Ciriaco Cruz

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