Jueves, 15 de noviembre, 2018 | 1:24 pm

Big Papi irrepetible



En el día de ayer, David Ortiz jugó su último juego de la temporada regular de grandes ligas.

La historia de David es una gran inspiración para muchos de nosotros, muy especialmente para los que migramos. David ha triunfado fuera de su tierra, venciendo desde prejuicios hasta barreras de idioma.

Eso nos da una lección de coraje y confianza en sí mismo.

Como sabemos, a través de aquel comercial de una institución financiera, originalmente era el padre de David que quería ser pelotero, al llegar la responsabilidad de formar una familia, ese sueño terminó, y cosas de la vida, tal como él lo expresa, su sueño se convirtió en realidad con David.

¿Y es que hay algo que alimente más el alma que ver un hijo triunfar?

Eso nos da una lección de paciencia y fe, quizás lo que no podamos hacer nosotros, lo harán nuestros hijos.

Originalmente David se encontraba jugando con los mellizos de Minnesota, su desempeño no era el mejor, y para esa época su amigo Pedro Martínez ya era una estrella del béisbol. Con la influencia que este último tenía, convenció a  los directivos de los medias rojas de Boston y estos adquirieron a David de los mellizos de Minnesota.

Y David comenzó a triunfar en grande.

Eso nos da una lección del valor de la amistad, Pedro ayudó a su amigo David.

David podría sentarse a disfrutar todos sus millones, pero no ha hecho eso, por el contrario, constantemente, a través de su fundación, provee ayuda y tratamiento médico a personas, especialmente niños.

Eso nos da una lección de solidaridad y de amor al prójimo.

Se me hace difícil pensar, en alguien que con tanta fama y dinero, se haya mantenido con sus pies sobre la tierra, y la cabeza sobre las nubes.

Para hacerlo más entendible, David nunca se ha mareado.

Eso nos da una lección de humildad.

Cuando se le preguntó, por qué se retiraba, David respondió de una forma que todavía hace que mis ojos humedezcan:

“Porque mi gente me necesita, mi familia”

Eso nos da una lección de lo que verdaderamente importa.

Más allá del extraordinario atleta, estamos siendo testigos de la grandeza de un ser humano.

Gracias Big Papi, irrepetible.

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ELÍAS BRACHE

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