Aquí estamos



Si acaso es usted una de las personas que me hacen el honor de leer habitualmente esta columna, de seguro se estará preguntando por qué hace más de un mes que no les aburro con mis acostumbradas trivialidades.

Decir, pura y simplemente, que estuve guardando cama bajo el esmerado cuidado de reputados especialistas no me parece suficiente para expresar públicamente mi profundo y sincero agradecimiento a los galenos que me atendieron y a los familiares y amigos que me animaron con sus mentiras piadosas que yo fingía creerles.

El caso es que aquí estoy de nuevo, aunque con más conciencia de que el tiempo se nos está acabando y tenemos que apurar el paso si queremos dejar terminadas las tareas que nos hemos propuesto dejar bien hechas.

El escenario en que nos toca representar nuestro rol no es el más acogedor, pero tenemos que hacerle frente aunque esté lleno de bandoleros y sinvergüenzas.

Ahí nos veremos, aunque sea con las pocas fuerzas que talvez nos quedan.

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