Lunes, 12 de noviembre, 2018 | 1:05 am

Aprendiendo a conocer a Dios



Muchos permanecen en la duda de creer o no en la existencia de Dios, creador del cielo, la tierra y todo lo que en ella habita.

Se rompen la cabeza tratando de descifrar ese sentimiento interior que les alimenta la necesidad de confirmar lo que su corazón les repite una y otra vez.

Ignoran que cada vez que sienten la corazonada o el pensamiento acerca de la inevitable realidad de ese “Ser Superior” que aun la ciencia no ha podido confirmar, ni muchos menos rechazar, es una nueva oportunidad que Dios les está dando para conocerlo.

¿Debemos adoptar una actitud escéptica frente a lo que se nos presenta, o por el contrario, adoptar una postura abierta hacia lo que por el momento no podemos explicar?

Dios se revela en la creación, en la naturaleza, en la historia y en la naturaleza moral del hombre, haciéndole entender su majestuosidad y su identidad. Dios, es Dios de dioses.

El hecho de la existencia de Dios es tan conspicuo, tanto a través de la creación y a través de la conciencia del hombre, que la Biblia llama “necio” al ateo, según el Salmo 14:1.

Es de suma importancia entender correctamente a Dios, porque una falsa idea acerca de él es idolatría. En el Salmo 50:21 Dios reprueba al hombre impío con esta acusación: “Pensabas que de cierto sería yo como tú”.
Para empezar, una buena manera de resumir la definición de lo que es Dios es “el Ser Supremo; el Creador y Gobernador de todo lo que hay, el Auto-existente que es perfecto en poder, bondad y sabiduría”.

Dios es un ser espiritual (2 Corintios 3:17) , incorruptible e invisible (1 Timoteo 1:17). Por eso no lo podemos ver, pero sí lo podemos encontrar y sentir siempre y cuando lo buscamos de corazón (Jeremías 29:13).

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