Las voluntarias son el soporte de los enfermos de cáncer

El grupo de damas trabaja sin recibir pago por el servicio que ofrecen a pacientes sin recursos

10/10/2016 ELDIA_LUNES_101016_ Nacionales18





Santo Domingo.-Con apenas 14 años, Marcos (nombre ficticio) ya padecía un cáncer que lo llevó a ser hospitalizado en el Instituto Oncológico doctor Heriberto Peter.

Para ese entonces, Julia Guerra era voluntaria en esa entidad, y como siempre veía al chico solo, decidió visitarlo cada día.

Confiesa que llegó a criticar a la madre por dejar a su hijo solo, hasta que mas tarde se enteró de cuál era su circunstancia.

La presidenta de la Liga Dominicana Contra el Cáncer, al narrar esa historia se le humedecen los ojos. Agrega que al ver la situación pensó: “Cómo dejan a ese niño. Cuando llegue la mamá que me avisen”.

Al hablar con la progenitora tuve que pedir perdón, pues me contó que trabajaba en una casa de familia y no podía dejar el empleo porque si lo hacia sus “demás hijos no podrían comer y no podría ayudar al que estaba enfermo”.

Ante ese escenario Guerra procuró entenderla, ayudarla y entonces “fui a acompañar a ese niño mientras la mama no estaba. Ese fue un caso muy triste”.

“Todavía ella me llama con mucho cariño para saber de mí”, dice.

Aunque esta no es la única historia qué contar, fue la que más la marcó.

Guerra explica que el trabajo de un voluntario, a quien no se le paga un centavo, es acompañar al paciente durante su proceso.

Narra que en principio el rol de ese personal filantrópico estaba supeditado a trabajos de oficina, como la entrega de resultados médicos y la organización de aspectos hospitalarios.

Sin embargo, con los años esto ha ido cambiando y esas damas se convirtieron en una ayuda idónea para quienes enfrentan una enfermedad sin cura con la que se puede vivir.

Juli, como cariñosamente le dicen en el hospital, indica que nunca pensó que iba a entrar al oncológico.

“Pensé que todo lo que tenía que ver con medicina no iba conmigo. Prefería mejor enseñar a leer o escribir, pero una amiga me invitó en 1997 al hospital y de eso hace ya 19 años y así fue que empecé mi trabajo como voluntaria”, remembró.

En principio, al igual que otras damas, entregaba los resultados de los análisis de Papanicolau a las pacientes, ese era el trabajo que hacia el voluntariado.

Con el paso del tiempo esas voluntarias por convicción acompañan al paciente en su lucha contra esta enfermedad silente.

Guerra siempre les dice a sus compañeras que cuando vean alguien en el pasillo del hospital mirando el techo, les pregunten qué le pasa. Prosigue que si el afectado les contesta que no sabe para dónde va, el voluntario lo acompañe al lugar donde debe ir.

Y en caso de estar en una condición difícil, es tratar de mejorar su calidad de vida, en pocas palabras, acompañarlo.
La Liga y el hospital

Guerra conversó de su vida y otros temas durante su participación en los Coloquios de EL DÍA junto al director médico del hospital Instituto Oncológico Heriberto Peter, José Ramírez.

Sobre la Liga Dominicana Contra el Cáncer, Ramírez precisó que en América Latina todos los hospitales de oncología fueron impulsados por una liga.

Indica que para el siglo XX esta era una enfermedad poco frecuente.

Señala que al visitar otros centros en países como Cuba y Venezuela, allí aun conservan las tarjas que identifican a las ligas como las pioneras en luchar contra ese mal.

“En todos esos países se dio el cambio donde el Estado asumió la responsabilidad de enfrentar esta enfermedad. Pero aquí todavía no se termina de asumir, por eso es que la Liga persiste junto al hospital en dar respuesta a ese problema del cáncer”, enfatiza.

La presidenta de La Liga Dominicana Contra el Cáncer resalta que es una institución sin fines de lucro creada en 1942.

Dos años más tarde nace Instituto Oncológico Heriberto Peter, para trabajar en la prevención, la detección y en el tratamiento del cáncer en el país.

Cita que el hospital pertenece a la liga debido a que esta tiene la personalidad jurídica, lo que significa que es responsable de la operatividad de ambas entidades.

Julia Guerra destaca que ambas entidades le han ha dado respuesta al país en todo lo que tiene que ver con el cáncer.
El oncologico, como popurmente se conoce, lleva el nombre del doctor Heriberto Pieter, quien en 1947 se desprendió de su fortuna para dar inicio a la construcción del entonces Instituto de Oncología “Milagros de la Caridad”, instalaciones que aún ocupa.

En este mes estas entidades celebrarán una serie de actividades para concienciar a la población y recaudar fondos para seguir ayudando a otros.

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